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Quintana Roo.- Afuera y adentro del Museo de Guerra de Castas había indígenas mayas y los de adentro aplaudían en la petición de perdón del Presidente Andrés Manuel López Obrador por los agravios de hace más de cien años al pueblo Maya y los de afuera protestaban porque no los dejaron pasar, por sus tierras y contra el Tren Maya.

«¿Por qué al Presidente se le antojó venir a pedir perdón a los mayas y nos dejó afuera?», gritaban en una esquina del museo amarillo Eliza Khuna Barrete.

«Porque por la pandemia no se puede pasar», le dijeron los de la seguridad presidencial, que habían salido a pedir silencio, al otro lado de la valla. La indígena le respondió con una frase inapelable: «¡La Guerra de Castas ya tiene más de 100 años, se pudo haber esperado otros 100 años!».

Cien años más, cien años menos, quizá poco importan. El mismo López Obrador va y viene del pasado al presente, obsesionado en que la historia se repita. Cuando entró al Museo, por ejemplo, acompañado por el Presidente de Guatemala, Eduardo Giammattei, echó atrás el tiempo en una puesta en escena.

Tres indígenas vestidos de manta blanca tocaron el tambor, el violín y la chirimía en el jardín con árboles. Un anciano sin dientes se apresuró a hacerles una limpia con una rama. Los encomendó al Padre, al hijo, al Espíritu Santo, la tríada heredada de la Conquista.

«Ofrecemos las más sinceras disculpas al pueblo maya por los terribles abusos que cometieron particulares y autoridades nacionales y extranjeras en la conquista durante los tres siglos de dominación colonial y en dos siglos del México independiente. En 1849, tras el inicio de la rebelión de los mayas de Yucatán, buena parte de lo que ahora llamamos opinión pública era, aunque nos parezca increíble, favorable a acabar con la población indígena», dijo el Presidente.

«No a los megaproyectos de despojo, no al Tren Maya», decía una pancarta afuera.

«Nosotros creemos que lo que el Presidente está haciendo el día de hoy es un actor electoral, un acto de campaña, es un acto hipócrita que viene a buscar los votos de los pueblos mayas. No se puede dar perdón a quien está agrediendo con proyectos impuestos como el Tren Maya», dijo Pedro Uc, de Asamblea de Defensores del Territorio Maya Múuch’ Xíinbal.

«Que salga / que salga el Presidente / que el sol está caliente», coreaban afuera los ejidatarios de Tihosuco, que reclamaban una indemnización pendiente desde hace más de 50 años por sus parcelas por donde pasa la carretera federal: 809 ejidatarios que piden 1 millón por hectárea. Habían bloqueado varios puntos de la carretera y en un punto de la carretera López Obrador les prometió una reunión el sábado con el titular de la Sedatu.

El viernes, el cronista de Carrillo Puerto Carlos Chablé Mendoza publicó una carta sobre la petición de perdón por una guerra entre 1848 y 1901 contra el despojo de la tierra maya de la entonces República de Yucatán, en una invasión apoyada por el Ejército.

«De ahí que resulte incomprensible que haya usted tomado la decisión de que los últimos tramos del tren que pasará por territorio maya sean construidos por el Ejército, que lo administrará al igual que el aeropuerto que se hará en Tulum y que las ganancias que se obtengan con su funcionamiento se destinarán también al Ejército», escribió el cronista.

Otros manifestantes de afuera ni siquiera estaban enterados del motivo del acto. «Es lo que estoy escuchando, que viene a pedir perdón, es muy generoso de su parte que venga hasta acá a visitar al pueblo», dijo Mario Coh, un campesino sin playera.

«La verdad que no, pero qué bueno que venga perdonarnos», dijo una anciana llamada Macaria, con su huipil floreado, con sus chancletas viejas, mirando los gritos de afuera y tomando pozol con coco en el calor de 35 grados. A su lado, los ejidatarios de Tulum denunciaban el despojo de sus tierras.

«Nos despojan con documentos falsos, por lo valioso de la tierra, porque es zona turística señor», dijo Andrés Jiménez, robusto, una gorra del ejército y una playera morada.

Unos más trajeron quejas de temporada electoral. Juan Carlos Muñoz, de Cancún, lideraba una grupo con mantas con colores de Morena y un Tucán del Partido Verde: «No a la mafia verde», decían en contra de la candidatura que entregó Morena a Mara Lezama.

«El Presidente de la República viene a pedir perdón al pueblo indígena, Mario Delgado debe pedir perdón a toda la militancia de Quintana Roo», dijo Muñoz, asomado entre las mantas.

Adentro, López Obrador repasó la historia, descargó culpas, desempolvó sus frases de campaña. «Por el bien de todos, primero los pobres», sostuvo. Y luego: «No escribo programa por programa, acción por acción, beneficio por beneficio, porque estamos en veda electoral y no quiero que se malinterprete o se use de pretexto para que nuestros adversarios conservadores o neoporfiristas nos ataquen como es costumbre».

foto facebook

nota Jorge Ricardo Nicolás
Agencia Reforma


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