Felipe Andrade Haro
Felipe Andrade Haro

El Rey baila al ritmo del run run

 

Había una vez un Rey medio torpe, pero en el fondo (muy en el fondo) sentía que era buena onda. Ésta es una de tantas historias.

PRIMER ACTO. El Rey sale a visitar al pueblo sabio (haciendo campaña).

ESCENA II

─Rey: ¡¡Y voy, y voy, y voy en mi carruaje, voy cabalgando, a ver a tanto maje!! Juar, juar, juar, Tiene ritmo esa canción del populacho.

─Reina: ¡Contrólate, caramba! No es posible que haya decidido venir a acompañarte, si vienes cantando esa tontería propia de la plebe.

─Rey: Chiricuto, dile al Memín que haga bailar los caballos para beneplácito de la prole. Y también canten, méndigos, o llegando 10 latigazos a cada uno.

Ahí va el carruaje real, moviéndose al ritmo de la canción de moda de la campaña de la candidata de El Rey.

─Reina: Sabes qué, panzón, yo me bajo en el siguiente poblado y tú sigue de ridículo con esa cosa propia de la chusma.

─Reina: Serena, mujer, tenemos que caerle bien a la prole. Recuerda que no le cumplí nada de lo que les prometí en el “Contrato por el Reino”. Son capaces de reprochármelo ahorita y no nos vamos a salvar de los abucheos o algún líquido que manche nuestro honor. Tenemos que ser igual de nacos que ellos. Total, llegando te bañas con pinol como acostumbras cuando nos damos estos baños de pueblo. Pero ahorita tenemos que apoyar a la candidata que de plano no la pela.

─Reina: ¡Tú tuviste la culpa por no imponerte! Bien me dijo mi mamita que no me casara contigo. ¡Tenía mejores partidos!

─Rey: ¡Pues cúchila de una vez!

El Rey y la Reina siguen discutiendo durante todo el camino.

─Chiricuto: A ver si ya le bajan a sus escenitas de Casos de la Vida Real y se ponen atentos, que ya vamos llegando al poblado de “El Tinacal”. Mientras hacen sus cosas, el Memín y yo nos vamos a echar un buen curado de guayaba.

─Rey: Nomás no se vayan a poner hasta atrás como acostumbran. Y usen cubrebocas porque la peste del pulque nomás no la aguantamos.

─Chiricuto: ¡Míralos, Memín, muy finolis! Si los conocimos tomando agua de la fuente y ahora muy fifís. Juar, juar, juar.

─Rey: Ahorita vengo, vieja, deja me chento a este jijodetodasu…

─Reina: ¡Ya cálmate, caramba! Y bájate, que la plebe nos está esperando.

En “El Tinacal” el Rey y la Reina tratan de aguantar el olor a pulque y sudor de la gente. Un lugar alejado del reino donde no hay agua, luz, drenaje. Solo miseria se asoma en ese poblado.

─Rey: Saca la bolsa de dulces, de esos que compramos de a peso el kilo y aviéntaselos a esos escuincles flacuchos y mocosos para que no se acerquen. Tápate la nariz.

─Reina: Creo que voy a descomer.

─Rey: ¡Ni se te ocurra porque nos dirán de palabrotas!

Los principales del poblado se acercan a sus majestades para darles la bienvenida.

─Nacho Carmaleón (Delegado del poblado): Los habitantes de “El Tinacal” damos la más cordial bienvenida a sus majestades. Nos honran con su presencia, después de cinco años de no pararse por acá. Cómo pueden ver, estamos igual que hace tres siglos. Seguimos esperando el agua y la luz. Del drenaje mejor ni hablamos. ¿Ustedes dirán?

─Rey: ¡Estamos en crisis económica, compañeros! Muchas obras tuvieron que suspenderse por falta de lana. ¡La culpa es de la pandemia! Pero aquí les traemos unos barriles de agua y varias cajas de velas para que se alumbren. Y ojalá se les ilumine el corazón y voten por nuestra candidata, que es lo mejor que puede haber.

─Nacho Carmaleón: Amigos, bajen las cosas, que el Rey y la Reina ya se van por donde vinieron.

El Rey y la Reina siguen su gira.

─Rey: ¡Qué méndigos! Ni siquiera una gorda nos dieron.

─Reina: Por lo menos no nos dijeron de cosas como acostumbran estos salvajes. Pero los cocheros sí que vienen felices.

Rey: Chiricuto, te paras en la primera posada digna que encuentres, porque tengo ganas de una buena botana y un buen vino.

─Chiricuto: ¡Uyyyy, eso sí que va a estar complicado, milord! Recuerde que en doscientos kilómetros a la redonda no hay ni una fonda. Así está este reino desde hace mucho. Pura miseria. Pero si gusta le convido de mis lonches de buebito con frijoles.

─Rey: Pues ya qué. Échame uno y otro para mi vieja, digo, la Reina. Qué bueno que traje dos botellas de vino.

Y por ahí marchan los reyes, entre el polvo y los rayos inclementes del sol, en un viaje que jamás querían realizar pero que les urge porque de ganar la oposición, muchas cosas pueden salir a la luz.

─Rey: ¡Qué bueno que esto está por terminar! Entregando esta madre nos vamos a la playa. Merecemos más, merecemos más. (Continuará).


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