Francisco Muro González
Francisco Muro González

Tan bochornosa ha sido la actuación de México en la CELAC (la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), que gobernantes de otros países vinieron al nuestro a darnos cátedras de política exterior. Al respecto de esas visitas, el presidente uruguayo, Luis Lacalle, alzó la voz para cuestionar las dictaduras donde “no hay democracia plena, separación de poderes y se utiliza los aparatos del Estado para reprimir a los disidentes y encarcelar a los opositores”.

De semejante cuenta, otros países que no encuentran nada que admirar o tolerar de Cuba o de Venezuela, lo secundaron. En este contexto, la organización denominada “Venezolanos Perseguidos Políticos en el Exilio” declaró recientemente “persona non grata” al presidente López Obrador “por su apoyo y reconocimiento a los dictadores Nicolás Maduro y Miguel Díaz-Canel”.

Tan bochornosa ha sido la actuación de México en la escena latinoamericana, que en una cumbre donde las reglas de etiqueta son forma y fondo, el anfitrión, AMLO, comete el error más básico de la diplomacia ofreciendo tratos preferenciales basados en un idealismo trasnochado, como señalan sus críticos.

Andrés Manuel López Obrador, indican sus críticos, es juarista hasta que lo traicionen sus filias y sus fobias, y entonces sólo le quedará el ser “obradorista”, posición en la que AMLO sólo obedece a su persona y no a los intereses y políticas internacionales de nuestro país.

Hace cinco años, el presidente Peña Nieto recibió al entonces candidato al gobierno de Estados Unidos, Donald Trump. López Obrador, crítico acérrimo del régimen priista calificó el encuentro como “un error”. “Debemos ser prudentes, precavidos y no meternos en la vida interna de ningún otro país, para que ellos no se metan en las decisiones que sólo corresponden a los mexicanos”, señalaba AMLO. A tres años de su administración, está claro que ese criterio se ajusta a su conveniencia y/o torpeza.

31 países estuvieron en la mesa de la sexta cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y caribeños (CELAC), y a México lo flanquean Cuba y Bolivia. ¿Orden alfabético, o le dieron órdenes al alfabeto para complacer al presidente anfitrión, se preguntan los críticos de AMLO? Nunca lo sabremos los mexicanos en general. Lo que sí es público es que el presidente AMLO maneja la política exterior igual que la interior, es decir: mandan sus filias y sus fobias, cueste lo que cueste a los mexicanos, sostienen sus detractores nacionales.

La CELAC, cabe subrayar, es el foro latinoamericano de integración e intercambio más importante de la región, y representa una oportunidad para que México se presente no sólo como líder para enfrentar desafíos como la pandemia, los bloques económicos y el cambio climático, sino como facilitador de diálogo en Latinoamérica. Pero López Obrador decidió opacar esa agenda. Prefirió desplegar la alfombra roja para recibir, como invitados especiales, a dos líderes de regímenes dictatoriales: el más longevo de Latinoamérica y el más radical de la actualidad, Cuba y Venezuela, respectivamente.

Y el problema no está en que asistan dictadores de otros países a llevar a cabo actividades diplomáticas, sino en el recibimiento especial que AMLO les hace; es decir, no está en sentarse a dialogar con los líderes de la región sobre sistemas y valores ideológicos reflejados en las políticas nacionales y exteriores de México y los otros países.

El problema está, como señalan los críticos mexicanos del actual gobierno, en dar un espacio privilegiado durante la celebración de nuestra Independencia -momento cumbre del sentimiento patriótico de los mexicanos- a un jefe de gobierno que hace unas semanas reprimió con violencia a manifestantes, quienes en su país simplemente anhelan una mejor calidad de vida, con justicia social y democracia. Difícil dilema: mientras López Obrador apapacha dictadores, los países europeos piden sanciones en contra de ellos.


Los comentarios están cerrados.