Gabriela Bernal Torres
Gabriela Bernal Torres

Descentralizar la cultura: el museo comunitario

 

En este espacio hablaremos continuamente de museos puesto que, para bien o para mal, éstos han sido desde su creación los grandes precursores de la identidad nacional. En este sentido, será costumbre que la conversación gire en torno a los espacios museísticos de nuestra patria chica. Pero en esta ocasión le pido que desvíe la mirada de la capital zacatecana para volcar su atención a otro tipo de espacios, los llamados museos comunitarios, los cuáles también tienen una historia propia que contar.

A menos de media hora de la capital, se encuentra el museo comunitario de Zóquite en el municipio de Guadalupe. Su origen se enclava en el contexto del auge de la nueva museología en México que dio pie al surgimiento de otros museos comunitarios a lo largo y ancho del territorio nacional que, desde la década de los ochenta, buscaban dar voz a las expresiones patrimoniales, históricas y culturales de comunidades mexicanas con la intención de ser espacios abiertos que democratizaran, descentralizaran y, sobre todo, ciudadanizaran el espacio museístico hasta entonces limitado al eje rector de las instituciones culturales del país.

En este ambiente, fue que a finales de los años noventa y principios del segundo milenio que después de la investigación y prospección histórica de la comunidad, se propuso la creación del museo de la mano con un parque ecoturístico, los cuales formarían parte de lo que en ese entonces se planteó como un corredor turístico que abarcaría varias comunidades guadalupenses como San Ramón, la Zacatecana, Santa Mónica, Zóquite y Tacoaleche. Este proyecto no terminó por cristalizarse a diferencia del museo y parque de Zóquite, los cuales comenzaron a construirse a partir del 2002, luego de la donación de veinte hectáreas del ejido. Por esas mismas fechas, la comunidad ya había empezado a organizarse con una exposición de objetos antiguos entre las que destacaban fotografías, artefactos agrícolas, enseres domésticos, entre otras cosas que serían la antesala de los objetos que conformarían parte de la exposición permanente del museo.

Ya con el terreno y parte de la colección, se procedió a la construcción del recinto que fue pensado ex profeso para albergar el patrimonio de la comunidad. Joel Cuevas Muñoz, cronista de Zóquite, señala que se tuvo especial cuidado en recuperar los estilos arquitectónicos de la zona, así como los materiales utilizados, dando como resultado una fachada que representa a su vez a todas las fachadas de las casas del poblado.

A su colección se le añadiría más adelante la presencia de molares de mamut encontrados en el arroyo de Calabacillas, dando forma a lo que posteriormente sería la “Expo Mamut”, con la reconstrucción de un esqueleto de este animal prehistórico presente en el territorio zacatecano.

Desde entonces el recinto ha albergado en su sala de exposiciones temporales, toda clase de obras desde locales hasta internacionales.

Sin embargo, a pesar de la valía de su colección y del esfuerzo cotidiano por el personal del museo por darle movimiento, el museo experimenta ahora la problemática de la falta de presupuesto para solventar las fallas causadas por el deterioro normal en una construcción. Karla Chávez, encargada del recinto, manifiesta el deseo de poder contar con instituciones a nivel estatal que no solo puedan coadyuvar a subsanar las problemáticas presupuestales, sino también pudieran participar con la impartición de talleres para la propia comunidad. Lo que pone de relieve el desinterés que al menos en los últimos meses, han sufrido este tipo de espacios.

Cabe destacar que de los 58 museos que la Asociación de Museos Comunitarios de Zacatecas registró en 2019, ninguno pertenece a la red estatal de museos. De hecho, sí hace una búsqueda rápida por la red, se dará cuenta que tan sólo algunos aparecen en el catálogo cultural del Instituto Zacatecano de Cultura, lo cual deja ver que sigue permeando una especie de miopía que no permite visualizar historias y expresiones culturales otras, alimentando la centralización del arte y la cultura, limitando la difusión y el recurso a los museos capitalinos.

La pasada administración cerró con la materialización del Museo del Cielo, que sin duda es un proyecto con una buena intención: que los turistas conozcan el acervo de los museos capitalinos y despertar su curiosidad animándolos a visitarlos, a la vez que se “mejoró el paisaje” de las azoteas de la ciudad. No obstante, seguimos pensando en el turismo, cuando los museos deben también ser espacios que traduzcan esa cultura y modo de vida común para los propios habitantes, así como lo plantean los museos comunitarios que tienen mucho por dar para propios y extraños.

Gabriela Bernal Torres

 


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