Felipe Andrade Haro
Felipe Andrade Haro

El Rey y la Nueva Transformación

 

Había una vez un reino con tan mala, pero tan mala suerte, que los enanos crecían y llovía sobre mojado. Ésta es una de tantas historias.

PRIMER ACTO. El Rey toma posesión de su cargo en ceremonia solemne.

─Rey: Y yo no prometo que si no cumplo me voy. ¡Me someto a la revocación del mandato, cuando este pueblo sabio me lo pida! Ya llegué, querida prole, ahora sí a administrar la pobreza en que nos han dejado los que ya se fueron.

Los invitados al cónclave aplauden a rabiar. Todos se ven felices.

─Conde de Macallan: Y querían hacer este evento en la plaza real. ¡Nel, mis cuates! Aquí el que manda es el parlamento. Primero deben de pedir permiso y si queremos se hace y si no, nanay.

─Conde de Tijerina: Ahora sí que se hizo de oposición, mi estimao, Conde. Espero que no sea llamarada de petate.

─Conde de Macallan: Ya lo verás, barrabás. Tengo para todos nomás que no se amontonen.

─Conde de Tijerina: Pues terminando este show lo invito a echarnos unos buenos vinos a la taberna “Los Hijos de Muñoz Ledo”. Ahí platicaremos sobre lo que viene.

Termina la toma de protesta del nuevo monarca. Todos corren para tomarse la foto y darle vuelo en las benditas redes sociales. “Milord, ahora una foto conmigo y mi prole. Estamos con usted hasta la pared de enfrente”. “Milord, ¿quiere ser mi compadre? Es sin compromiso, pero mi vieja quiere que lleve a mi chiquillo a sacarle el chamuco”, “Milord, si le sobra un hueso acá estoy más puesto que un calcetín. Yo lo apoyé en campaña”. Y así por el estilo.

─Duque del Bosque: Milord, ya vámonos que tiene una agenda apretada.

─Rey: Ya voy, Duque. Mientras voy saludando a la noble prole, adelántese y convoque a mi gente para ir viendo los perfiles del nuevo gabinetazo.

─Duque del Bosque: Voy en chinga, milord.

El Duque del Bosque pega tremenda carrera hasta la carreta donde se trasladará al palacio. Ya ahí, comienza a realizar los preparativos para la reunión de alto nivel.

─Guardia 1: ¿Ya te fijaste, Patotas?

─Guardia 2: ¿Pos que pasó, compadre?

─Guardia 1: Que ese méndigo no nos saludó. Y ¿esa es la transformación tan cacareada? Digo lo cortés no quita lo valiente. Deja le paro su bronca.

─Guardia 2: ¡Sereno, moreno! Así es los primeros días. Andan corriendo para todos lados porque aún no les entra el espíritu godín. Nomás deja que se vayan acostumbrando y ya verás.

─Guardia 1: ¡Nelson, le dijo a Wilson! El Rey dijo que éste sería un gobierno cercano a la prole. Un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Y digo yo: ¿qué no somos pueblo también? Y cuando un méndigo burócrata entra como Pedro por su casa y no te pela, te hace menos.

─Guardia 2: Ya, compadre, nomás no te azotes. Deja que pasen unos meses y ya veremos si son diferentes o no. Total, el panzón ya se fue.

Mientras los guardias discuten, se inicia la sesión encabezada por El Rey.

─Marqués del Arroyo: Así es, milord, revisamos a conciencia todos los currículos que nos enviaron y tenemos una opinión.

─Duque del Bosque: Y nos costó mucho trabajo revisar tanto méndigo papel. Hicimos dos listas: la que está en el papel azul son los compromisos de campaña. La que está en el papel rosa son los mejores.

─Rey: Pues vamos a juntar todos los nombres. Vamos a hacer papelitos y meterlos en una tómbola y el que vaya saliendo, pues ése es el efectivo.

─Marqués del Arroyo: Pero, milord, ¿y si no salen los que queremos?

─Rey: Pues así es la democracia. En nuestro sagrado partido, dirigido de manera ejemplar por el Señor Emperador, la tómbola es el sagrado instrumento que aleja a los arribistas y aspiracionistas gachos.

─Duque del Bosque: Pero, ¿qué tal y que se cuele alguien que nada más no la pele? Digo, vamos a quedar muy mal ante la prole que nos dio su confianza.

─Rey: Según nuestra republicana ley, ¿quién expide los nombramientos del gabinetazo?

─Marqués del Arroyo: Usted, milord.

─Rey: Entonces, ¿para qué tanta pinche discusión? Órale, a meter a todos en la tómbola y el que salió, salió, y punto.

Los guardias escuchan atentos detrás de la puerta.

─Guardia 1: Órale, compadre, entre en chinga y dígale alguna mentira al Marqués y meta su nombre en un papelito. Quién quita y le toque un mejor hueso de perro.

─Guardia 2: ¡Agüelita, soy tu nieto! Total, ya vi las listas y puro lambiscón. Deja entro.

El guardia entra y mete su nombre en un papelito dentro de la tómbola. Aprovecha para llevar botana y vino para los asistentes en la reunión.

─Guardia 2: A ver si la suerte me socorre, compadre. Oye, ¿te acuerdas que así armábamos el equipo de futbol en el llano?

─Guardia 1: Simón. Me acuerdo que una vez el Picochulo fue nuestro portero. Pinche goleada que nos pusieron. Juar, juar, juar. Ojalá no vayan a golear a este gobierno.

El Marqués del Arroyo saca un papelito.

─Marqués del Arroyo: Ministro de Planeación, Hilario Gómez del Rosal.

─Rey: ¿El Patotas? Bueno, pues si le tocó en el sorteo, él es el mero bueno.

Afuera de las oficinas, Gudelio trata de echarle aire a su compadre Hilario, El Patotas, que se desmayó de la emoción. (Continuará).


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