Alfonso Carlos Del Real López
Alfonso Carlos Del Real López

Zacatecas y la relación México-EUA (II)

 

En la anterior colaboración comentaba de la imperiosa necesidad de una agenda propia para Zacatecas en el marco de la relación México-EUA. Decía al inicio de la misma que “de lo peor que le puede pasar a Zacatecas, es no tener una agenda gubernamental internacional sólida y amplia, amén de la relación de México con Estados Unidos”, y finalicé afirmando que “Nuestro estado posee potencial en diferentes aristas; sin embargo, vamos con mucho retraso en comparación a otras entidades federativas, política, económica y socialmente. Quien no le entiende o considera los temas internacionales, desdeña la posibilidad de ampliar las posibilidades de desarrollo de Zacatecas. Ya no hay tiempo que perder.”

Imagine Usted que es un servidor público o alguien insertado en la iniciativa privada, y que desde su trinchera profesional -empresario, académico, profesionista independiente, administrador, trabajador- es una persona que, en el contexto de dimensionarse como ciudadano y de escuchar, ver o leer algo de la política exterior mexicana, cae en cuenta que las relaciones entre México y Estados Unidos son de gran importancia para Usted y su actividad laboral porque representan, en resumidas cuentas, una oportunidad de ganar algo (dinero, principalmente). Pero hay mucho que trabajar, mucho por conocer y estudiar y mucho por organizar. Pero se comienza con la voluntad, porque la oportunidad está ahí. ¿Qué se puede hacer?

Lo primero que podía considerar es que tratar de medir la magnitud de las cosas desde su propia perspectiva sería un esfuerzo vano y francamente, quizás hasta de flojera, toda vez que el binomio diplomático implica un sinfín de historias, matices, intereses y prospectivas que requieren ejercer un análisis mucho más profundo, ecléctico y certero para asumir una perspectiva, de acuerdo con su interés particular. O sea, hay que ser pragmáticos y decidir sobre temas específicos (pero hay que estudiar poquito); sin embargo, habría que hacer lo anterior sin perder de vista esferas de interés que puedan considerarse punta de lanza en el establecimiento y desarrollo de relaciones diplomáticas profundas, benéficas y ecuánimes para ambas naciones en aras de que, desde lo público, la cooperación y colaboración ofrezca espacios de oportunidad para los respectivos pueblos. O sea, un ojo al gato en la relación diplomática nacional, y otro al garabato en el potencial local.

La dimensión de las relaciones México- E.U.A. es impresionante y va un botón de muestra: de acuerdo con información de la cancillería, “México es el tercer socio comercial de Estados Unidos y el primer destino de las exportaciones de California, Arizona y Texas, y el segundo mercado para otros 20 estados. Aproximadamente cinco millones de empleos en Estados Unidos dependen del comercio con México y cada minuto se comercia cerca de un millón de dólares. La frontera de 3,140 km. que une a México y Estados Unidos es la más transitada del mundo. Un millón de personas y trescientos mil vehículos cruzan diariamente esta frontera.” Pero esta relación comercial se ve complementada con otras cosas, como tensiones diplomáticas derivadas de la atención de temas como la seguridad o el tráfico ilegal, aderezados por el rol del crimen organizado, entre otros.

En todo lo anterior, se implican temas políticos con pinceladas nacionalistas, pues el compromiso localista con los habitantes de cada nación, derivado de procesos electorales, implica un esfuerzo constante de los liderazgos gubernamentales de dar respuestas de distinta naturaleza a problemas que se presentan: por ejemplo, respuestas normativas -en cuanto a la legislación de cada país- que repercutan en el alcance que cada país puede tener en participar en determinados asuntos; respuestas regulatorias, para equilibrar el desenvolvimiento de intereses recíprocos y hasta respuestas políticas, para dar el manotazo en la mesa y transmitir a las respectivas naciones el papel soberano de cada estado y anteponer sus intereses.

Si Usted se pregunta, estimado lector, ¿cuáles son los temas de esa relación que deben interesarle a Zacatecas?, yo le respondería: todos. No hay tema menor. Hay que darle seguimiento a todos y a todo aquello que hacen cancillería y entidades sectorizadas. Debemos dejar de quedarnos en esas ideas de “hermanamiento de ciudades” y “trabajo con comunidades migrantes” e ir varios pasos más allá.

Obviamente, la tradición expulsora de Zacatecas nos hace enfocar baterías en lo migratorio (desde una perspectiva social), y en lo económico (que tiene un punto toral en las remesas); sobra decir que ambas cuestiones han sido ampliamente estudiadas por diferentes especialistas académicos tanto locales como de otros lugares y ya hay un claro e importante antecedente en recuperar esa agenda que, en el contexto de una “nueva gobernanza” es ineludible. Pero hay que ir más allá, insisto. La agenda no se limita a cosas “protocolarias” o a la corta dimensión del Programa 3×1 (inesistenta ya), ni a dádivas de gestión social ante consulados o agradecer discursivamente que sigan llegando remesas. No, no. La cosa no va por ahí. Hay que empezar a ver el bosque y no solo las hojas de las ramas. En la próxima colaboración abundaré sobre ello.

 


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