Alberto Chiu
Alberto Chiu

Entre silencios e incertidumbre

 

No es que uno disfrute, ni mucho menos, al hablar o tratar de analizar la insostenible situación de inseguridad que prevalece en nuestro estado de Zacatecas. Ni es fácil, ni se puede tener una visión completa, ni la propia autoridad facilita, muchas veces, la información suficiente para intentar apenas hacernos una idea del enorme problema que tenemos encima.

Quizás quienes tienen más clara la situación, son lamentablemente las familias de aquellos cientos, o miles de zacatecanos que, de un día para otro, pierden a uno o más miembros, a manos de las balas asesinas de sicarios de cualquiera de los grupos delincuenciales que se disputan este territorio. Y las discusiones del por qué existen esas disputas, siguen escribiéndose, modificándose, y sólo en eso quedan, porque si hablamos de estrategias… hasta el momento todas parecen ser fallidas.

En violentísimas jornadas de este fin de semana, decenas de personas fueron asesinadas a balazos en los principales municipios de la entidad. En algunos casos, los ataques mortales ocurrieron en la calle, estando las víctimas a bordo de algún vehículo, o simplemente sobre la vía pública. En otros, los asesinos ingresaron a viviendas, donde le arrebataron la vida a varios de sus habitantes.

Cada vez que ocurre uno de estos hechos de sangre, todos nos preguntamos con cierta sorna, y quizás ya sin asombro alguno, qué tuvo que haber ocurrido para que mataran a esas personas… ¿estaban involucradas con delincuentes? ¿pertenecían a células contrarias de los grupos antagónicos? ¿le debían algo a esos grupos, y se trató de ajustes de cuentas entre ellos? O finalmente… ¿acaso eran personas inocentes, asesinadas a sangre fría sólo para infundir temor entre la población de algún municipio o una región en particular?

Lo peor del asunto ha sido, y sigue siendo, el increíble silencio con el que la autoridad estatal intenta manejar cada una de las eventualidades; si acaso, han informado cuando alguna de las víctimas eran agentes de alguna corporación policiaca, y eso casi como “respuesta obligada”, luego de que estos datos se difundan profusamente en las redes sociales, gracias a voces ciudadanas que les conocían.

Y si hay silencio sobre las investigaciones o sobre las identidades de las víctimas de esta epidemia de balas, ese silencio es peor aún cuando se trata de hablar de las estrategias de contención, de ataque o abatimiento de la delincuencia. Ahí la cosa es todavía más “oscura”, y aunque en los discursos políticos se vierten litros de tinta y saliva, lamentablemente sólo se habla de generalidades, y las ya muy conocidas promesas de que todo irá mejor…

Si a eso le agregamos que todavía hasta hoy faltan nombramientos considerados como “fundamentales” para la acción del gobierno, a la percepción de inseguridad se suma la percepción de incertidumbre, y la sensación de que desde las altas esferas políticas se está improvisando… o que de plano no hay voluntad -ni candidatos idóneos- para hacer dichos nombramientos. ¿No habrá zacatecanos de valía, listos para asumir las posiciones hoy acéfalas?

Yo creo que sí, pero también creo que lamentablemente en la selección para ocupar esos puestos clave de la administración, está jugando un papel preponderante la filia o fobia partidista, o incluso ideológica, y no está en juego la evaluación general de capacidades, conocimientos, práctica y experiencia. Pareciera que incluso se llega al grado de decir que “tal persona sí sabe del tema… pero no es de nuestro proyecto”, y por ende, no son considerados. ¿Qué les pasa?

Es bien sabido que armar un equipo de trabajo para gobernar no es una tarea sencilla, y que requiere de un muy concienzudo análisis caso por caso; pero si quienes han llegado al gobierno luego de una lucha larga y con grandes aspiraciones, no tienen todavía claro el panorama, se queda el sabor de boca de que, entonces, no estaban preparados totalmente para gobernar. Ojalá no sea éste el caso, y que pronto veamos a un equipo consolidado, trabajando para traer a Zacatecas la paz y el desarrollo anhelados. Pronto, por favor.


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