AGENCIA REFORMA / NTRZACATECAS.COM
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CIUDAD DE MÉXICO.- El anuncio del reemplazo del monumento a Cristóbal Colón en Paseo de la Reforma por la estatua de una mujer indígena atizó la polémica en redes sociales.

«Colón no descubrió nada: murió pensando que había llegado a Asia. Como han dicho, ni siquiera llegó a México. Su monumento fue erigido por un régimen discriminatorio que buscaba blanquear el país (el de Porfirio Díaz). Todas son razones más para mandarlo a otro lugar», escribió en twitter Federico Navarrete, académico del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM.

«La estatua fue erigida en 1892 como parte del movimiento ‘colombino’ que crecía por toda América. Un movimiento de las élites criollas y blanqueadas, para construir una historia de su dominación en América y justificar la continuada discriminación de indígenas y africanos», expuso.

Guillermo Hurtado, investigador del Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM, escribió:

«El monumento a Colón en Reforma fue inaugurado en 1892. La idea de la historia de México, hoy, en 2021, es completamente distinta. Cambiarlo de sitio responde a la realidad presente de nuestra idea sobre México. No es un capricho».

Sheinbaum informó el domingo que la estatua de Colón sería reemplazada por la escultura de una mujer indígena, olmeca, denominada Tlali, que significa tierra en náhuatl, obra del escultor Pedro Reyes.

«Por si acaso», advirtió la lingüista y escritora Yásnaya Aguilar, «una mujer olmeca no es una mujer indígena. Será una mujer del preclásico u otra cosa, pero por fortuna las mujeres olmecas nunca fueron mujeres indígenas».

«Qué deleite», ironizó el escritor Guillermo Sheridan, «una vez más, un gobierno plenipotenciario decorará la CDMX. Retirado Colón (demasiado europeo, blanco, normativo, sabio y esas mamadas), su espacio será ocupado por una dama olmeca emancipada, esculpida por el genio de Fulánez. ¿Qué podría salir mal?».

El curador y crítico de arte Cuauhtémoc Medina comentó al respecto: «Sheridan capta la cuestión: tenemos un gobierno que se comporta como monarca o dictador al imponernos sus obsesiones conmemorativas en piedra y bronce, y que perpetua la función del artista como productor servil de de un arte ideologizado. ESTO NO ES ARTE PÚBLICO».


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