Alberto Chiu
Alberto Chiu

Falta oxígeno

 

Noticias recientes nos hablan de que, en función del altísimo número de contagios que ha seguido registrando nuestra entidad, la capacidad de los hospitales para recibir a pacientes con COVID19 va disminuyendo, de manera natural. Y dentro de las fotonotas que han capturado mi atención, están aquellas que muestran filas de personas esperando, preocupados, a las puertas de los establecimientos que surten tanques de oxígeno, para reabastecerse de ese gas que, en primera instancia, es vital para nosotros y que, aunque lo tenemos disponible de manera natural, muchos de sus familiares lo requieren urgentemente por haber enfermado debido a este virus que nos ataca.

Necesitamos oxígeno como soporte vital, y para un paciente con COVID-19 es todavía más necesario y podría representar la diferencia entre la vida y la muerte, sí. Y ante ello, seguimos viendo crecer el número de infectados, porque seguimos viendo cómo todavía hay muchísimas personas que indolentemente no hacen caso de las recomendaciones sanitarias, y persisten en evitar las prácticas más básicas de seguridad y sanidad… en perjuicio de muchos otros que ni la deben, ni la temen.

Sí, está bien que digan que las noticias sobre la pandemia ya les hartaron la vida, y que necesitan oxígeno para no ahogarse entre ese mar de notas tristes y desesperanzadoras que representan las cifras de contagios, pero… eso es una cosa, y cuidarse para cuidarnos todos, es otra totalmente diferente. La indolencia es peor enfermedad que una infección de COVID.

Pero ante lo que también necesitamos un poquito de “aire”, un tantito de oxígeno para despejarnos las vías respiratorias, es en lo político electoral. Apenas en días recientes se han empezado a lanzar las convocatorias para que cada partido político lleve a cabo sus propios procesos de selección de posibles candidatos a ocupar un cargo de elección popular, y la verdad es que ya desde ahora (y en algunos casos desde antes), esas mismas selecciones internas ahogan a muchos con dimes, diretes, chismes, especulaciones, presunciones, acusaciones sin fondo y relatos fantásticos, provocando así un solo resultado: el creciente hartazgo de los ciudadanos respecto de la vida política y la vida partidista en nuestro país y en nuestra entidad.

Aun cuando hay ciudadanos que verdaderamente encuentran en la vida de partido un sentido de pertenencia y de acción, hay muchos otros a los que lamentablemente esa experiencia ya les hartó; les cansa en grado extremo el ver cómo desde dentro de cada instituto político se marcan las diferencias utilizando para ello estrategias de descalificación, de sobajamiento, de menosprecio, que ahora, gracias a las “benditas redes sociales” llegan a mucha gente de manera inmediata, y sin filtros críticos que le permitan a la gente hacer valoraciones sesudas, razonadas, sobre la veracidad de dichas estrategias.

Ya desde las elecciones norteamericanas, lo decíamos en otra columna, hemos visto cómo las redes sociales se han posicionado como mensajeras de toda clase de libelos y pseudoverdades que, ante un electorado acrítico, se presentan como certezas inamovibles e incuestionables, y que lo único que provocan es que vayamos hacia un escenario muy probable: el de la más profunda polarización de la sociedad sobre nuestras preferencias políticas y nuestra visión de futuro.

Necesitamos -nos urge- oxígeno también ante esta diatriba que nos ahoga, nos asfixia, cada día más duramente. Pero ese descanso, ese respiro, no podemos encontrarlo envasado, ni en los hospitales; tenemos que encontrarlo en los momentos de tranquilidad y de reflexión que utilicemos cada uno de nosotros, los electores, para pensar y repensar todo aquello que vemos o escuchamos, tanto en las redes sociales como en los medios masivos de comunicación.

Es ahora nuestra tarea encontrar ese oxígeno en nuestra reflexión personal, en la valoración y análisis de todo lo que nos llega por los ojos y oídos, para entender que, a final de cuentas, lo único que tiene verdadero valor, es nuestra decisión propia, nuestros valores, lo que decidamos por nosotros mismos y no por lo que nos dicen de tal o cual candidato o aspirante. Sólo tiene valor lo que nosotros mismos creemos luego de pasarlo por el tamiz de la razón y la inteligencia, y no sólo dejándonos llevar ni por una despensa, ni por un cheque de apoyo, mucho menos por un chisme o una nota malintencionada.

Reflexión, análisis, pensamiento… ¡ese es el oxígeno que necesitamos, y que los únicos que pueden proveerlo, somos nosotros mismos! Así que le invito a darnos ese oxígeno que tanto nos falta, para que no nos ahoguen los ignorantes, los ambiciosos, ni los fementidos malintencionados. ¡Seamos libres de elegir!


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