David H. López
David H. López

Platicando con algunos amigos empresarios, me dijeron que siguen viendo el regreso no tanto como un escenario distante, sino como un presente que deja más dudas que certezas.

“¿Cómo situar a mi gente dentro de la empresa, pero trabajando desde sus casas?”, “¿cómo mantener el ‘pegamento social’ de la organización?”.

Cuando inició la pandemia (http://bit.ly/2U06LoL) comenté que “las empresas no son lugares, sino personas”. Se lo recordé a uno de los empresarios que me cuestionaron y me reviró, “suena bien, pero cómo hacerle para que una persona se lleve su pedazo de empresa a su casa; es decir, ¿cómo hacer para que una empresa salve la parte territorial de pertenecer?”.

“No tengo respuestas absolutas”, le dije, “quien te asegure lo contrario, miente”.

A estas alturas, a todos nos queda claro que ante la falta de certidumbre todo se vuelve un juego de especulaciones. Se habla de que el próximo año habrá vacunas efectivas, aunque la Organización Mundial de la Salud ya lo dijo claro: el COVID-19 es una enfermedad endémica con la cual deberemos aprender a vivir.

¿Cómo pueden hacer las empresas para encontrar una identidad que trascienda a su espacio y anidar en la convicción del empleado que se conecta desde casa?

Permítanme algunos elementos especulativos, con el ánimo de ayudar.

  1. Quien recurre a la historia especula informadamente. Hoy más que nunca tenemos acceso a páginas y páginas de información acerca de qué vivieron empresas, sectores y gobiernos en épocas como ésta. Comienzan a salir los primeros estudios y prometen aportar mucho.

Un ejemplo. Hace dos mil años el cristianismo vivía su crecimiento más exponencial… pocos meses después inició una persecución que fue de velada e incipiente hasta cruel y feroz. Tardaron hasta el siglo IV para que la represión amainara con el emperador Constantino. Todos esos siglos antes, las iglesias fueron personas, no lugares; las grandes catedrales, los templos majestuosos acompañados de arte, pompa y circunstancia llegaron siglos después. Y el cristianismo tardó algo más de tiempo en consolidarse como un elemento parte del estatus quo de eso que hoy llamamos civilización occidental. Lo que hoy nos persigue es un virus alevoso, pero los principios disponibles son similares. Muchos elementos de la condición de “cuerpo místico”, podrían ser retomados por la empresa que tiene claro su propósito, más allá de “ganar dinero”.

  1. La cultura es el alma mística de una organización. Necesita encontrar los incentivos que resistan al miedo de la pandemia y le den al grupo ánimo para salir a conquistar y plantearse la solución inteligente de retos. No se trata de desafiar al sentido común, sino de hacerlo un aliado. La cultura es la clave y la empresa que no decide controlarla y medirla, está dejando a la deriva un elemento clave de su futuro.
  2. (Una vez más) Comunicar como nunca. El incentivo es claro: la gente ya tiene el trabajo como incentivo inmediato, pero necesita creer en algo para que la empresa trascienda a sus instalaciones. Decirlo mucho, decirlo siempre, y contarle a la empresa a sí misma.
  3. Liderazgo congruente. El dueño es líder. Hoy más que nunca sus acciones, omisiones, whatsapps, llamadas, todo comunica. Quien sólo es dueño, pero no aspira a ser líder quedará decepcionado. Está sentado en la silla más visible de su entorno y todos lo están viendo desde sus casas.

Estas lecciones pueden servir a las empresas que no atinan a definir su identidad más allá de un lugar, ya que el incentivo de trabajar so pena de no dar resultados es muy persuasivo, pero no ayuda a configurar un modo de trabajar que les ayude a reconstituirse para salir a conquistar.

Twitter: @vidolopez

 


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