Rafael Calzada Vázquez
Rafael Calzada Vázquez

La selección del candidato

 

Sin duda, en los procesos de renovación del poder público en las recientes dos décadas, se puede percibir como el proceso de selección de candidatos por los partidos, es un entuerto a desfacer de tal envergadura que, en gran medida de ello, depende el éxito en la contienda electoral. Ello es así desde que a presión del frente democrático nacional y de la lucha social impulsada por las izquierdas en el país, especialmente por Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo, dieron a luz al IFE, que gradualmente se ha ido profesionalizando y generando mayor certidumbre de las elecciones.

En Zacatecas, el proceso de selección de candidato a gobernador en 1998 generó una ruptura a la que el periodista Benito Álvarez, llamó el monrealazo. Un cisma. Al interior del PRI, siempre se habían puesto de acuerdo, con patadas por arriba y por debajo de la mesa, siempre con la decisión final del presidente de la República, que fungía como dirigente real del partido, jefe de estado y jefe de gobierno, en esa ocasión los actores no cedieron.

Ya habían existido procesos competitivos, en Guanajuato, Nayarit, San Luis Potosí y Baja California. En Nayarit se negoció una senaduría, para no entregar el gobierno a la izquierda hace unos treinta años, en San Luis Potosí, el gobierno de Salinas realizó, tras la marcha del Doctor Nava, una de las primeras concertaciones, como fue en las otras entidades entregadas al PAN.

En muchas entidades se ha vuelto verdaderamente competitivos los procesos electorales, y a decir de mi maestro de derecho Constitucional: “La característica fundamental de un proceso democrático es que no se sabe quién va a resultar ganador”.

En Zacatecas, el proceso donde resultó electa Amalia García, fue uno en el que, siendo democrático, desde el principio todo mundo sabía que ella sería la ganadora (a excepción de sus competidores de la derecha, a la que se sumó por cierto el PT).

En el proceso de la elección del siguiente gobernador, una gran cantidad de personas se decepcionó del mecanismo interno del PRD, y generó que de los seis iniciales aspirantes a la gubernatura, cuatro se aliaran al candidato de la derecha. Sólo Mejía Haro, quien resultó ser el candidato y Javier Calzada, que honró su palabra y compromiso político, se sostuvieron, los demás, incluido Miguel Alonso, se fueron.  La ruptura generó otra alternancia.

Hoy en Zacatecas existen posibilidades de ruptura en ambos espectros, entre los liberales y entre los conservadores.

En los liberales, el conflicto de arrinconamiento político de Ulises Mejía, por quienes se conducen como seguidores e incluso operadores cercanos de David Monreal, quienes desde el interior del ayuntamiento han generado desacuerdos, roces y finalmente fractura, podrían lograr que como respuesta se alíe al bloque de la derecha, dificultando innecesariamente el arribo de MORENA, a la gubernatura del Estado.

Hace apenas unos días, escuchaba a algunos amigos festejar que Mejía no podría ser candidato ni a regidor. Suponiendo que con ello se allanaría el camino a la candidatura primero y a la gubernatura después del personaje con el que simpatizan. Nada más falso. El Neomonrealismo requiere hoy más que nunca de la suma de todas las expresiones progresistas y de izquierda. Y alguien tendrá que llamar a la cordura a quienes hacen todo lo posible porque David compre el conflicto del ayuntamiento. Debo señalar que personajes cercanos al titular de ganadería, sin ton ni son, han repartido leñazos a diestra y siniestra. Todo con cargo a la aspiración colectiva de alcanzar la gubernatura. A estas alturas, también alguien debe frenarlos.

Enfrente, el maltrato a los aspirantes será el motivo de cisma. Esperable en Luévano y Anaya.

 


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