REFORMA
REFORMA

CIUDAD DE MÉXICO. La calle de Cuba convertida en un foro feminista. La fachada grafiteada del número 60, antes de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, como telón de fondo. La entrada al edificio, ahora es el escenario donde las mujeres, jóvenes la mayoría, rapean, leen poemas, lloran, gritan.

La «Poesía de Morras» empezó a las 14:00 horas, mientras las líderes de la toma del edificio estaban reunidas con la Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero.

Tania Vanesa Mejía Velázquez toma la palabra y cuenta su experiencia con la CNDH, luego que su madre fuera violada, en un caso más que no encontró justicia.

«Estuvimos viniendo casi un año seguido y no pasó nada, yo siendo adolescente no podía hacer mucho, pero fue algo que me marcó mi vida, saber que los casos se quedan ahí, en un carpetazo, y que en algún momento estuve esperanzada, pero terminas más lastimada», narró.

«Yo vengo porque al ver en videos a las mamás de las víctimas, me recuerdan a mi madre y cómo en ese tiempo lloraba, y cómo yo lloré también, siento su dolor, a pesar de que ya pasaron muchos años».

A Tania le hubiera encantado que en esos momentos hubiera mujeres «valientes, que toman las riendas y no se quedan con los brazos cruzados», que fue lo único ellas pudieron hacer en su momento, como ella misma reconoce.

«¡Podemos ser peores!», advierte un trío de chicas, con el flow del hip-hop, «estamos ya cansadas, de esperar tiempos mejores, quien quiera romper ¡rompa!, quien quiera quemar ¡queme!, si esto no te absorbe, pues ¡no nos estorbes!».

Unas cien mujeres, que llegaron a respaldar la toma de la sede de la CNDH, escuchan, aplaude, se animan, gritan, bailan. Y el trío sigue, parodiando la voz de una mujer sumisa:

«Vengo a ofrecer una disculpita, mi señor Presidente, estaba ensimismada, ¡ay!, fui tan inconsciente, no me di cuenta que una pintura y las paredes, eran más importantes que encontrar a mi hija muerta en una bolsa descuartizada en partes.

«Disculpe, mi señor, ¿me da tantito permiso, me da tantito chance, de trapear la sangre del piso?».

Olinka, va a leer un poema que le gusta, pero a sus escasos 5 años no alcanza el micrófono, así que le acercan una silla. Su madre la sujeta de la cintura mientras ella recita las palabras de alguien que le explica que la lucha feminista es para que no viva la violencia machista.

Una joven más lee su poema, en el que cuenta lo que vivió al abortar en medio de la violencia familiar.

«Ayer soñé que mi padre mataba a mi madre», dice una de sus estrofas.

Por dentro, la antigua sede de la CNDH es un refugio para mujeres violentadas, pero por fuera se ha convertido en un emblema de la lucha feminista.

La jornada terminó con todas abrazadas de los hombros y cantando el Cielito Querida.

Por: César Daniel Martínez Cisneros


Los comentarios están cerrados.