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CIUDAD DE MÉXICO. Hace poco más de una década, durante la ceremonia de entrega del Premio Cervantes, máximo galardón de las letras en español, un por demás consagrado Juan Marsé compartió sus dos principios literarios básicos:

«Una buena historia que contar y, también, contarla bien. Es decir, esmerándote en el lenguaje, porque será el buen uso de la lengua lo que va a preservar la obra», expresó ante los Reyes de España.

Con una habilidad descriptiva y para el retrato como la de pocos, ese buen uso de la lengua eternizó no sólo su prolífico corpus literario, sino la memoria misma del novelista catalán, figura clave de la literatura española, fallecido la noche del sábado a los 87 años en el Hospital de Sant Pau de Barcelona, tras complicaciones por la insuficiencia renal que padecía.

A través de una treintena de obras, incluídos clásicos contemporáneos como Últimas tardes con Teresa (1966), crónica de la España obrera de los 50, define el catedrático Santiago Niño, o Si te dicen que caí (1973), con la que obtuvo el Premio México de Novela tras tener problemas de censura en su nación, Marsé retrató a una sociedad que transitó del tardofranquismo hacia la senda demócrata.

«Marsé narró como nadie la miseria moral de la posguerra y de los años posteriores del franquismo. Las indecencias de los vencedores y el país en el que sobrevivieron los vencidos. Nos hizo entender que de ahí viene nuestra democracia», escribió en Twitter el jurista español Joaquim Bosch, uno de los innumerables personajes que lamentaron su partida.

«Tristeza honda por la muerte de Juan Marsé. Los recuerdos, la admiración, los libros, no consuelan de la pérdida del amigo. Muerte, muerta seas, muerta y malandante», publicó el poeta Luis García Montero, director del Instituto Cervantes.

«Se apagó la vida de un guerrero. Ha muerto Marsé, el último de nuestros clásicos, luchador honesto y solitario, ninguneado durante décadas por el nacionalismo local», lamentó, por su parte, el escritor Arturo Pérez Reverte.

Caligrafía de los sueños, su decimotercera novela, fue publicada en 2011. Y no hace ni un lustro, Noticias felices en aviones de papel, fragmento de una novela en la que trabajaba minuciosamente.

De un inicio en las letras brillante y modesto en 1958, cuando aún trabajaba en un taller de joyería, se convirtió en una presencia constante en el jurado de importantes premios literarios. Y, más aún, en un ácido crítico de los políticos nacionalistas y la burguesía catalana, sin jamás considerarse a sí mismo como un intelectual, sino sólo un narrador.

«Un lector de ficciones que a veces cree que sólo la parte imaginada de su obra será capaz de preservar alguna belleza con el tiempo», diría al recibir el Cervantes, augurando lo que hoy nos queda de sí, al término de su admirable vida dedicada a las letras.

Por: Carlos Eduardo Martínez Reyes


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