*Pedro de León Mojarro
*Pedro de León Mojarro

Lamentablemente, la polarización en la que está inmerso el país surge todos los días y a todas horas entre esos dos bandos, “liberales y conservadores”, que hasta hace unos meses eran ficticios y que ahora son reales.

Como ya es normal, las críticas hacia al presidente López Obrador por su visita a la Casa Blanca, igual de intensas habrían sido si el presidente se hubiera negado a la invitación del presidente Trump.

Afortunadamente, para bien de México, después de conocer el mensaje de ambos presidentes, si lo asumimos como introducción al acuerdo conjunto que firmaron, se puede adelantar que la decisión del presidente López Obrador fue correcta.

El mensaje del presidente de México fue extraordinario, en éste la mayoría de los mexicanos vimos al presidente estadista que todos deseamos ver en López Obrador.

Pese a la complejidad de la situación que vive México, con un presidente como el que vimos el día de ayer en la Casa Blanca, no hay duda de que vamos a salir airosos de esta coyuntura.

Al hablar del T-MEC, López Obrador fue enfático en la principal fortaleza de México, que es la joven y pujante fuerza laboral que tiene, de mayor magnitud incluso que los bienes de capital en los que se puede emplear.

México tiene una tercera parte de su población catalogados ya como binacionales o México-americanos, población que en la disputa por la reelección de Trump puede marcar la diferencia a favor o en contra.

El presidente López Obrador, sin mencionarlo, respaldó su discurso en la Doctrina Estrada, que desde 1930 México ha practicado y defendido mediante el respeto de la “libre autodeterminación y no intervención”, y advirtió que el presidente Trump, en lugar de anteponer la Doctrina Monroe, en su actual relación con México, aplica el modelo del expresidente George Washington.

Como normalmente ha sucedido, los encuentros entre los mandatarios de los dos países nunca han sido tersos, pero en general han resultado positivos para ambos países, sobre todo desde la firma del TLC, con Carlos Salinas de Gortari, hasta nuestros días.

Las fortalezas del presidente López Obrador son, entre otras, que por primera vez un mandatario mexicano no es visto con la característica de corrupto y dispendioso, y que su lucha principal es atender prioritariamente “primero a los pobres”. La imagen austera y modesta del presidente viajando en vuelo comercial tiene un gran significado.

Ciertamente la mayor debilidad en este momento es sin lugar a dudas la recesión económica, convertida en “Espada de Damocles” para nuestro país; lograr el apoyo norteamericano para reactivar nuestra economía, ahora en el marco del nuevo T-MEC, seguramente es la mayor prioridad del presidente López Obrador.

Migración, indocumentados, contrabando de armas y drogas, son asuntos de interés para ambas naciones, en los que es factible que el presidente de México logre acuerdos.

El encuentro de los presidentes tiene dos antecedentes que han marcado la relación entre ambos mandatarios: el primero de ellos fue la negativa del gobierno de México de respaldar el gobierno de facto impulsado por los Estados Unidos de Juan Guaidó en Venezuela, y el segundo fue la amenaza del presidente Trump de ponerle aranceles a las exportaciones mexicanas, si no se paraba la migración masiva de centroamericanos al vecino país.

Enhorabuena por el acuerdo entre ambos paises. Que sea para bien de México.

*Coordinador Estatal del Movimiento Nacional Ruta 5


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