Alberto Chiu
Alberto Chiu

De aprovechados

 

Este domingo de pandemia, muchos zacatecanos fueron testigos -unos presenciales, otros por las benditas redes sociales- de algo que, para otros tantos, fue una muestra exagerada, inconsciente, soberbia y hasta transgresora, del supuesto apoyo que el famoso vocalista de la Banda Jerez, Marco Flores, dio a agrupaciones musicales… en un crucero de la zona conurbada Zacatecas-Guadalupe.

Según registraron los medios, hizo una cabalgata por varias vialidades y, llegados al crucero en cuestión, cantó, se codeó y se regodeó entre la raza, y aventó despensas a diestra y siniestra. Quién sabe si todos los que agarraron despensa fueran músicos, la verdad no lo creo. Decenas de personas se reunieron ahí, olvidando temporalmente las medidas de la sana distancia, y se arremolinaron alrededor del cantante, ya fuera para tomarse la foto con él, o abrazarlo… o pescar una de las dádivas.

A ver, pero más allá de si hizo bien o mal con esta presunta muestra de “solidaridad” para con el gremio de los filarmónicos, a los que la pandemia ha pegado durísimo, sin duda, como a muchos otros sectores, uno de los puntos importantes a considerar y reflexionar para todos nosotros, ciudadanos de a pie (o de a caballo, como llegó él), es la posibilidad de que, en estos días, empezamos a ver un montón de acomedidos y requete-solidarios políticos o aspirantes a políticos, haciendo exactamente lo mismo: ¿siendo solidarios? No necesariamente…

Gracias a esas mismas redes sociales, nos enteramos que tal o cual político o aspirante anda, con cubrebocas y guantes, entregando despensas y apoyos aquí y allá. Y no es algo que esté mal, cuando hay miles de personas que efectivamente se han quedado en la chilla sin trabajo, sin ingresos para sostener a sus familias, y sin posibilidades de conseguir nada por la pandemia. Así que ayudar no puede (ni debe) estar mal, ¿o no?

¡Pues claro que no! Pero una cosa es ayudar porque hay un verdadero espíritu de solidaridad y subsidiaridad para con los más necesitados en la emergencia, y otra muy distinta es aprovechar las redes sociales para hacer campaña. Porque eso es, no nos equivoquemos: hacen campaña -y hasta les sale gratis la difusión-, aprovechándose de la situación, de la necesidad de mucha gente, e incluso de la ingenuidad de muchos que, al ver estas publicaciones de redes, acaban creyéndoles.

Por eso creo que uno de los grandes retos que tenemos ahora, más que nunca, es poner mucha atención. No es que antes no lo hicieran, pero en esta situación extrema los ciudadanos debemos abrir bien los ojos, antes de creerle a ojos cerrados las “buenas intenciones” con las que dicen conducirse todos ellos. Y hay varias preguntas que podemos hacernos para ver si nos están tratando de engatusar:

Esa ayuda que están entregando… ¿la entregarían también sin darlo a conocer públicamente? ¿Es una práctica común en ellos, la de estar apoyando a la gente? ¿Lo hacen con sus propios recursos y posibilidades, o con dinero proveniente de las arcas públicas, es decir, de nuestros propios impuestos? ¿Lo hacen porque hay toda una planeación de ayuda para los más marginados… o sólo porque es parte de su misma chamba? Hay que abrir muy bien los ojos…

Porque así como vemos esas “muestras de solidaridad” en las redes, también podemos habernos dado cuenta ya del vecino que, sin decir una palabra ni presumirlo, apoya a otros con algo de comida; o del taxista que, sin publicarlo, da algunos viajes gratuitos a ancianos que lo requieren y no tienen para pagar la carrera; o del comerciante que, calladito, calladito, aporta algo de su mercancía para alguien que se quedó sin chamba… ejemplos hay muchos, todos los días, a nuestro alrededor. Y ellos no se aprovechan de nadie para presumir, lo hacen de corazón, sin esperar nada a cambio.

Así que esta es una muy buena oportunidad para distinguir quién está, simplemente, haciendo su trabajo; o quién quiere salir a lucir en los reflectores para ganar “popularidad”; o quién se está aprovechando, cínicamente, tanto de nuestros recursos como de nuestra gente, para empezar a placearse y, luego, buscar un voto. Abramos bien los ojos, ¡para que nadie se aproveche de nosotros!


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