Manuel J. Jáuregui
Manuel J. Jáuregui

Confesamos, amigos, que no tenemos la menor idea de qué andaba haciendo el Presidente López O. en Badiraguato, como tampoco en Tepic justo antes.

Uno se imaginaría que, con la crisis que trae México encima, el tiempo y esfuerzo del Presidente pudiesen aprovecharse mejor en diseñar junto con su Gabinete respuestas adecuadas para que podamos salir avantes -Dios quiera y pronto- de la pandemia que aqueja al mundo y nos amenaza con un desastre mayúsculo, social y económico.

Para el mexicano promedio, la idea de enfermar, o que un ser querido enferme y tenga que ir al hospital, resulta aterradora.

Toda vez que estar en el hospital equivale a pagar por un taxi estacionado con el medidor en marcha.

De manera que para los mexicanos el tener algún conocimiento concreto de cómo su Gobierno le va a asistir a librar un escenario de desastre le sirve mucho más -y lo agradece infinitamente en mayor forma- que saber que su Presidente se lleva ATM con las familias de los criminales más peligrosos de México, cuyas peticiones atiende SOLÍCITO, mientras ignora olímpicamente las de los ciudadanos.

Claramente, la PRIORIDAD para el Gobierno mexicano en estos momentos es y debe ser tener listo un plan para REACTIVAR la economía tan pronto se alivie el riesgo del Covid-19, y mientras echarle toda la carne al asador a contener la epidemia.

De preferencia siendo éste un plan que NO CONTEMPLE la EXPROPIACIÓN por parte del Gobierno de los hospitales privados -como es el decreto que están a punto de promover-, pues conforma una respuesta, además de inconstitucional, excesiva y draconiana que hasta el momento en ningún país afectado se ha empleado.

Recurrir a expropiaciones como parte de una respuesta oficial gubernamental, amén de que desde el punto legal no vuela, desde la perspectiva de instrumento sanitario resulta contraproducente.

Suena más a pretexto socialista que a remedio veraz, y dejaría -de nueva cuenta- muy mal parado a México como economía emergente.

Ello, pues a nadie le imprimiría CONFIANZA invertir en un país que al “quítame estas pajas” lo primero que se le ocurre a su Gobierno es ¡expropiar!

¿Qué no se le puede ocurrir otra cosa?

¡Por ejemplo, subrogar aquellos servicios que el IMSS o el sistema de salud oficial no pueda proveer!

Esto evidencia no sólo la AUSENCIA de opciones reales, sino lo que verdaderamente mora en el cerebro de nuestros gobernantes: la idea de un Gobierno absolutista y totalitario que piensa que ser dueño del bate, el guante y la pelota, es la respuesta única y universal que cura todos los males.

Claramente desconocen la afirmación del Premio Nobel de Economía, Milton Friedman, quien dijo certeramente que si el Gobierno administrara el Sahara ¡se acabaría la arena!

Como que no les cae el veinte de que en todos los casos, o en casi todos, el Gobierno ES EL PROBLEMA, y no la solución.

Claramente, esto se puede mirar -y medir- en la incapacidad de surtir medicinas del IMSS, en el limbo sanitario que dejó la defectuosísima implementación del INSABI y, finalmente, en la quiebra virtual de PEMEX y de la CFE, cuya salvación financiera comprometió tanto las finanzas del Gobierno federal que S&P se vio forzado a DEGRADAR la calificación de la DEUDA soberana mexicana.

La salud de los ciudadanos no podría estar en mejores manos que en los sistemas hospitalarios privados que -bendito Dios- operan hoy en México.

Estatizarlos sería el peor error que pudieran cometer, pues la burocracia oficial de la que de éstos se apoderaría no cuenta ni con la capacidad, ni los conocimientos, ni la experiencia como para operarlos con la eficiencia y la efectividad que los caracteriza.

Pensar que el estatismo lo soluciona todo equivale a un error de pensamiento abismal, uno que nos acarrearía MÁS problemas de los que ya tenemos, que ni son pocos ni tampoco insignificantes.

Empezando con el de las prioridades alrevesadas.


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