SAÚL ORTEGA / NTRZACATECAS.COM
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Con un par de botes llenos con 25 litros de cajeta de Celaya, coronados con al menos dos docenas de bolillos, recorre las calles del centro de Zacatecas y oferta tortas rellenas con este dulce de leche.

Este joven, de no más de 30 años, que se niega de manera alegre a dar su nombre sólo dice: “Soy Juan Garabato, que vende todo barato, pero sólo a un gato”, para después soltar una sonora carcajada y ofrecer a quien pasa cerca de él una cucharita con cajeta.

“Pruebe, es de Celaya la cajeta, naturalita, ni envinada ni con vainilla”. Una mujer se detiene a su lado y con la palita en la mano le pide dos tortas, mete un cucharón al bote y el dulce espeso escurre lentamente, con un movimiento rápido de la muñeca lo embarra en el interior del bolillo que envuelve en un trozo de papel de estraza para hacer entrega.

Repite la operación con un segundo bolillo y, mientras realiza su acto, comenta: “ahorita me voy a preparar una, porque ya se me antojo”.

Entrega la segunda torta y ofrece un bote de medio litro con el dulce típico de Celaya. El joven no para de hablar y anuncia que cuenta con panal de abeja y miel natural debajo de una manta.

Platica que desde hace 9 o 10 años ha dedicado su vida a trasladarse desde un rancho cercano a Zacatecas para vender, primero, nopales y tunas, “pero desde un año para acá me traigo mis botes de cajeta para vender tortas”.

De manera constante llega un cliente tras otro a comprarse una torta y a reclamar por qué cada vez resulta más complicado encontrarlo, sonríe y despacha otros tres bolillos repletos de cajeta; en cada oportunidad entrega una cuchara con el dulce en busca de vender otro medio litro.

Espera paciente un par de minutos, la gente deja de llegar, levanta las cubetas sobre los hombros y emprende una nueva caminata en busca de otro punto para comenzar de nuevo y terminar con la venta del día.


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