Manuel Ibarra Santos
Manuel Ibarra Santos

La dictadura de la corrupción y los políticos corruptos

 

La corrupción se ha convertido, en nuestra sociedad, en una especie de feroz dictadura política asfixiante, porque dicho fenómeno ha estimulado con un profundo sentido rentista (por décadas), la concentración de la riqueza nacional en las manos de unas cuantas élites privilegiadas, en perjuicio de la mayoría de los ciudadanos. Por si fuera poco, ha producido un modelo de democracia y una generación de políticos “corruptos”, dotados de una notable insensibilidad y una profunda ceguera moral, frente a las carencias de la gente.

Este solo hecho demanda modificar y reformar, en sus bases jurídicas y operativas, el sistema estatal anti-corrupción de Zacatecas, para dotarlo de más eficiencia, porque a la fecha han evidenciado insuficiencias y limitaciones.

Por la vía de la corrupción se ha operado el más grande saqueo de la Nación, sin que medie castigo alguno para los políticos corruptos, hecho que nos recuerda la reflexión histórica que sobre la deshonestidad y la inmoralidad política fue expresada por León Tolstoi: “Un Estado que no procura la justicia es una banda de malhechores y una cuadrilla de bandidos”. Tenía razón, sin duda.

Este cáncer (la corrupción), representa siempre, como ahora, un riesgo para el ejercicio de las libertades y los derechos humanos, al igual que engendra contextos de inequidad, distorsiona la democracia, profundiza la pobreza, incrementa las desigualdades y pervierte la economía.

En Zacatecas y México, la corrupción ha deformado la práctica del derecho redistributivo de la renta del Estado Mexicano, porque los ingresos estatales y nacionales se han concentrado en las manos de políticos y empresarios corruptos, protegidos éstos, en la mayoría de los casos, por el manto de la impunidad.

El tema en cuestión tomó relevancia, en estas fechas, por la conmemoración reciente del Día Internacional en Contra de la Corrupción, proclamado por la Asamblea General de la ONU, para ser recordado el 9 de diciembre de cada año.

La corrupción ha sido asfixiante: cómo explicar que ahora México registre la existencia de más de 50 millones de mexicanos en la pobreza, en tanto que, paradójicamente, cuente con 30 empresarios considerados entre los más ricos del planeta, cuando hace tres décadas no teníamos ninguno. Esto es un insulto para el sentido común y la conciencia de la República.

 

El costo de la corrupción:

El costo de la corrupción en México asciende hasta 10 puntos porcentuales del Producto Interno Bruto (PIB) nacional (lo afirman investigaciones de especialistas de la UNAM), recursos que de utilizarse correctamente bien podrían servir para resolver los problemas de la pobreza social, la ausencia de empleos dignos y la carencia de oportunidades de educación de excelencia para los jóvenes.

Por si fuera poco, ocupamos el vergonzante primer lugar como el país más corrupto de los pertenecientes a la OCDE y ostentamos en el mundo la posición 138 de 180 naciones evaluadas en la materia, según la organización Transparencia Mundial.

 

La corrupción en Zacatecas

De repente nos despertamos un día con una dosis de contundente realismo y el INEGI, la semana pasada, nos recetó la noticia de que Zacatecas es el sexto Estado con mayor incremento de víctimas por la corrupción entre su población. Los espacios con más elevados índices de actos corruptivos donde se victimiza a la ciudadanía, son los siguientes: 1). Seguridad pública; 2). En la realización de trámites del registro de propiedad industrial; 3). En las burocracias municipales; y 4). En las agencias del Ministerio Público y los juzgados.

Estas cifras ponen de relieve la ineficacia y el fracaso del sistema estatal anti-corrupción en Zacatecas, soportado por un marco jurídico con claras inconsistencias jurídicas.

Tal vez por eso, aquellos políticos que han hipotecado el destino de Zacatecas y que se han enriquecido hasta el nivel de la vileza, duerman tranquilos, porque no pasará nada. Se prefiere enjuiciar a peces chicos (o buscar chivos expiatorios) y exonerar a los tiburones grandes de la corrupción. Eso es impunidad.

 

Nuevo enfoque contra la corrupción:

La circunstancia reclama operar un nuevo enfoque metodológico para atender, procesar y abordar el tema de la corrupción. La perspectiva de corte jurídico ha sido terriblemente limitada. Poco se ha hecho en el campo sociológico, de la educación y la cultura.

Ahora bien, si no se modifican las condiciones políticas del ejercicio del poder público en el país, las expectativas de cambio serán muy remotas. Y es que, en un régimen de concentración de las decisiones en una persona, en una élite y en una dinastía, las posibilidades de que proliferen los actos corruptivos, serán mayores. Y ese es el caso de México y Zacatecas.

Las cosas tendrán que cambiar, a efecto de desmontar la estructura de la dictadura de la corrupción y el pacto de impunidad que por años ha gobernado al país y a sus entidades federativas.


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