Édgar Félix
Édgar Félix

Ni con pomada de La Campana

 

Últimamente está surgiendo una clase política zacatecana muy simpática, conmovedora, un tantito estúpida y no sé qué tanto sea patética, pero, aunque tengan el efecto vampiro en los espejos, sí lo es. Para eso recurren constantemente a las artimañas viejas de los imagenólogos del siglo pasado de negar todo, poder explicarlo todo y crear todo. Es decir, no buscan la gubernatura, pueden explicar por qué están concentrados en cuerpo y alma trabajando (sin la idea perturbadora de buscar alguna candidatura, ajá) en bien de su municipio y crean una especie de mundo paralelo, con aire acondicionado y sombrita. Y ahora ni de Morena son ni han hecho fiestas deslumbrantes ni despilfarran y tratan de hacer creer que viven con modestia, son muy cercanos a la gente porque se “toman fotos cercanas” (así de brillantes e inteligentes) y hasta se han cambiado el peinado. Caray, de verdad unos verdaderos genios. ¡Ah! y van a misa todos los domingos a romperse el pecho a trancazos.

Hay mucho de qué hablar de esta clase política más parecida al cómico Capulina o los confitones de la fábrica de Ricolino que al oficio del servicio público sofisticado de otros lugares del país; no hablemos del Senado, ni de los diputados federales, ni de algunos diputados locales, donde hay varios ejemplos de análisis, de discurso, de propuesta, de tendencia, más que una imagen burda, loca y sin ton ni son. Quienes se han subido a ese tren van al descarrilamiento irremediablemente de su loca locomotora del ferrocarril. Hay muchas joyas para ejemplificar, pero hay ésta que me causó un gran asombro: “yo no soy militante. Y nada tengo qué ver con Morena”. Como para quedarse anonadado porque, de entrada, es muy difícil creer algo así. Preocupante una declaración de ese tamaño, de ese espesor cargado de cinismo y carente de inteligencia. Parece ser que quienes asesoran a esta política no han escuchado hablar del subconsciente social o la parte oscura de la comunicación que antes de todo este merequetengue digital funcionaba, pero que, ahora, por el efecto interactivo y horizontal, hay que andarse con cuidado con la adoración al dios griego Coalemo. De verdad, doña Verónica Díaz, esas declaraciones son muy desafortunadas (sin afán de molestar, como dice el clásico) porque sólo provocan una imagen poco seria. ¿Quién le va a creer?

Y así hay muchos ejemplos en la inexperta clase política zacatecana. Desde hace tiempo quería escribir del tema y siempre me ganaban asuntos coyunturales que hemos tratado semanalmente en este espacio periodístico. De hecho, tenía una larga lista de declaraciones desafortunadas en las que ganaba de calle el gobernador. No traigo ningún asunto con la señora Verónica Díaz ni este artículo es para ridicularizar  a alguien ni para evidenciar políticas de comunicación erráticas, es sólo el afán de opinar sobre un tema que me apasiona desde hace muchos años. Lo que he detectado en Zacatecas es esa patología de  declaracionitis caiga donde caiga. Se habla de todo y de nada y se opina de todo sin saber y se mueve la boca con convencimiento. Me queda claro que se saben el abecedario, pero me preocupa demasiado el vocabulario y el oficio.

A veces es como un diálogo de sordos, una boruca de mercado, chismes de tortillería y envalentonamientos de cantina. Hace falta mucho, entrar en otra dinámica, salir del chisme de rancho y del consumo local. Me queda claro que Coalemo existe porque tiene seguidores y lo honran, pero es tiempo para empezar a calificar más severamente a nuestra clase política, a exigir debates de altura y que sean responsables con la tragedia que vivimos los demás. Pregúntense por favor si lo que van a decir se los cree su mamá. Si es sí, no lo digan. Más respeto.

 

Cocciones

 

David Monreal Ávila. Muy difíciles días ha tenido David. Nada le ha salido bien ni el futuro pinta como creía. La primera regla de un buen político es verificar lo que escucha y lo que le dicen, si no, otra vez caerá en esa parte donde la esquizofrenia está a un paso.

Tápele a la salsa que ya se acabó el gas

 

Manuel Felguérez. ¿Por qué Manuel Felguérez dona su archivo y más de 38 obras a la UNAM y no a la UAZ? Será el desprestigio de la autonombrada “Benemérita” (no me refiero a sus valiosos estudiantes, sino a la camarilla de políticos y docentes que la tienen secuestrada). ¿Por qué?

Sopa abstracta sin huevos. Sigue sin hervir.

 

Elías Manzo Hernández. Un gran genio el de este joven pianista zacatecano. Impresionante el arte y la disciplina con que interpreta las grandes obras de los maestros universales.

A fuego lento y alta cocina

 


Nuestros lectores comentan

  1. siempre interesantes sus trabajos editoriales. Evidentemente muestra oficio y capacidad de análisis. Saludos.