Felipe Andrade Haro
Felipe Andrade Haro

Crónicas rancheras (19)

Ésta es una de tantas historias, tan comunes y tan cerca de nosotros, que parecen la pura neta. Pero la realidad es más méndiga. Chale.

Hilario y Liborio entran a la cantina “La Madre Patria” a echarse unos tragos, después de salir del trabajo.

–Hilario: Ora sí compadre, vamos a echarnos unos tanguarnices, que bien merecidos los tenemos.

–Liborio: Así es compadrito. Toda una semana de joda en la obra, amerita que nos desestresemos con unos buenos mezcalitos.

–Hilario: ¡A ver, Manolo, échanos una botella de mezcal y dos vasos! Méndigo gachupín ya debería de tenernos nuestra botella lista, chingao, somos clientes VIP.

–Manolo El Cantinero: ¡Ya va carajo! Así fueran buenos para pagar.

–Liborio: ¡Méndigo! ¿Cuándo se te ha quedado a deber un solo centavo del brebaje que nos das? La última vez nos fuiste a cobrar a la obra, nomás a ponernos en ridículo.

–Manolo El Cantinero: Pues os habías tardado más de un mes en venir y tuve que hacer inventario. Además fijaos bien en el letrero de ahí arriba: “Hoy no se fía. Mañana tampoco”. A ustedes les ayudo porque los conozco de hace años, pero eso no significa que no me debéis de pagar a tiempo.

–Hilario: Ya, ya, basta de tanta explicación. ¿Es mezcal del bueno o es del que rebajas con agua de la zacatecana?

–Manolo El Cantinero: ¡Hijos de Moctezuma! Aquí se sirve sólo lo mejor y si siguen de habladores los saco a patadas. A consumir que la casa pierde.

Mientras los compadres se sirven y el joven mesero les sirve cacahuates y churritos, Manolo prende la televisión. Juegan dos equipos españoles.

–Hilario: ¡Manolo, cámbiale al partido de mi Cruz Azul!

–Manolo El Cantinero: Pues nomás que a ti te lo pasen en exclusiva. ¿Que no ves, caradura, que el futbol mexicano es hasta las cinco? Ahorita son las dos y es el partido de la mejor liga de fútbol del mundo. Juega mi Real Madrid contra el Sevilla.

–Liborio. Real Madrid. ¡Real madriza le voy a poner si sigue de baboso! Méndigo gachupín ya le traigo ganas desde hace tiempo. Además ellos nos conquistaron y se llevaron nuestro oro y nuestra plata y nos trajeron muchas enfermedades. Y luego este pinche mezcal adulterado que nos da. ¡Deja se la parto compadre!

–Hilario: Tranquilo compadre. ¿Sabe cuál es su problema? Que nomás se echa un mezcalito y se pone muy bravo. Ya le he dicho que se calme y tome con mucha méndiga moderación. No quiero andar cargándolo hasta su casa.

–Liborio: Es que tengo muchos problemas y si usted es mi amigo del alma y mi compadre, debe defenderme y apoyarme. Además no me ande echando en cara a cada rato que soy un enfermo.

–Hilario: No le digo, yo nunca le dije enfermo, sólo que se pone muy borracho y se pierde feo. Me da mucha tristeza que se ponga así compadre. Hoy vamos a pistiar tranquilos y vamos a comer bien mucho para que no se nos suba.

Los compadres siguen platicando, mientras Manolo El Cantinero se pierde viendo la televisión.

–Manolo El Cantinero: ¡Goooooooool! ¡Te amo, Benzema!

–Liborio: Ora ya me salió con que le gustan los hombres a este gachupín. ¡Deja se la parto compadre!

–Hilario: Pinche compadre ¿en qué quedamos? El gachupín se refiere a que le gusta como juega ese cuate, así dicen ellos allá en su tierra. No lo tome tan a pecho.

–Liborio: Pos que diga bien. ¡A ver, Manolo, tráete otra botella del bueno!

–Manolo El Cantinero: ¡Eh, Juanillo! Lleva esta botella a la mesa 3 y anótala en la comanda, que no se vayan sin pagar todo lo que se beban y coman.

El juego continua con los gritos de Manolo en apoyo a su equipo, mientras los compadres siguen tomando y platicando.

–Manolo El Cantinero: ¡Ese es futbol, el mejor del mundo!

–Liborio: ¡Pinche Gachupín ya me cayó gordo! Deja le doy su Día de la Raza.

Liborio se lanza desde la mesa sobre el cantinero y empieza la pelea. Llueven golpes, mentadas y otras palabras de grueso calibre. Cuando logran separarlos, Manolo y Liborio se ven y comienzan a reírse como locos.

–Liborio: ¡Méndigo Gachupín, me caes a toda madre!

–Manolo El Cantinero: ¡Y tú a mí, desgraciado! Que sirvan las otras, cortesía de la casa. Y ¡qué vivan México y España! Coño.

¡LOS MEXICANOS QUEREMOS A LOS ESPAÑOLES, MENOS A LOS FRANQUISTAS!


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