Enrique Laviada
Enrique Laviada

  Vemos las cosas, no como son,

                                                        sino como somos nosotros.

                                                                  Immanuel Kant

 

Vaya que tiene sentido la crítica, entendida como el ejercicio del pensamiento que nos permite, sin temor, acercarnos a la realización de la libertad. Quizá por eso no deja de sorprenderme que haya todavía tanta reticencia hacia esa indeclinable obligación, sobre todo de parte de quienes pretenden realizar cambios sociales. Me refiero a lo que conocemos en nuestro país, ahora, como la cuarta transformación, a la que tanta esperanza social se le atribuye, y con suficientes motivos, pero que no siempre va acompañada de suficientes razonamientos.

He dicho, y lo sostengo, que ese gran movimiento de cambio requiere del libre intercambio de las ideas, en vez de reducirlo todo a un duelo ridículo entre sus defensores a ultranza y sus detractores, para abrir cauce a un debate serio sobre el futuro de la nación, en un entorno internacional agobiado por el pragmatismo de los grandes poderes fácticos, y el inusitado regreso del autoritarismo y la barbarie.

Me alarma que semejante reto, asumido a su manera por el presidente de México, tenga tan poca comprensión entre sus seguidores. Empezando por su partido, del que puede observarse sin mayores dificultades una completa inmadurez. Todo pareciera indicar que en sus filas reina una especie de inconciencia colectiva, fácilmente manipulable, de la que se desprende una cadena casi interminable de conflictos internos, cuya condición es, al parecer, la de un desorden provocado no por la política, sino por los intereses materiales que produce su administración. De modo que no abundan las ideas o los argumentos y las reflexiones, al menos a simple vista. Así es como, trabajosamente, se pretende llegar a la institucionalidad de una conducción interna, o la construcción de una forma de gobierno interna. Lamentablemente, lo que vemos es una espiral de la sinrazón, que no sólo se refiere a los hechos, sino que define a quienes los encarnan y protagonizan. Sin sentido.

En términos coloquiales, se ha impuesto el borlote en el lugar que dignamente debería corresponder a la responsabilidad y el respeto. Los cruces antagónicos son reflejo de un infantilismo partidario que asusta. Al parecer, nadie está dispuesto a ceder, aunque no se tenga conciencia en sí, ni para sí, de lo que eso significa. La narrativa de algunas recientes escaramuzas dentro de Morena, aparecidas en la prensa, describen un movimiento inestable, o lo que es peor, algo semejante a un despropósito tumultuario en el que todos se acusan mutuamente del pecado, pero nadie se atreve a mostrar la piedra en la mano. Y cuyas consecuencias podrían ser muy nocivas para un presidente, como López Obrador, empeñado en hacer historia. Con el riesgo, incluso, de quedarse solo en su intento. Sin razón.

Tómese esta, estimado lector, como una crítica a la (sin) razón pura que afecta a un movimiento que estaría llamado a encauzar el cambio desde el poder. Someterse al orden y al entendimiento y la debida tolerancia entre las distintas interpretaciones internas sería propio de esa nueva condición. Sin el dogmatismo que procede de la idea de una sola verdad absoluta o una ideología impuesta. La experiencia indica que eso conduce a la irracionalidad, a la negación del pensamiento libre y, finalmente, a la derrota de la razón. Lo mismo entre los partidos que entre las naciones. Sin embargo, me atrevo a pensar y a decir que Morena puede ofrecer a la sociedad, en cambio, un ejemplo de civilidad por el bien de todos, como prefiguración de la sociedad a la que aspiramos. Para cuyo efecto es bueno, por parafrasear al filósofo prusiano de la ilustración, que veamos las cosas, no sólo como son, sino como queremos ser nosotros.


Nuestros lectores comentan

  1. Por supuesto es ésta una crítica de obligada lectura por los «morenistas» tomándola como una reflexión para actuar en consecuencia lo que dudo mucho. Escribí lo valioso del ingreso de Enrique Laviada al «movimiento». Demasiado nivel para el salvajismo prevaleciente…

  2. Alberto montes murguia

    Mi admirado sr.laviada para mi en lo personal no hay necesidad de discutir con quien no ven su. Incursio’n nuevamente en la politicamente? Simplemente a ud le gusta esta actividad. Y.cave.en el proyecto monreal y punto…???