Óscar Novella Macías
Óscar Novella Macías

La independencia recobrada

Los pueblos de América Latina no tienen otra posibilidad que luchar, cada uno de acuerdo con su realidad. Pero luchar, ¿luchar para qué? Para conquistar su independencia económica y ser pueblos auténticamente libres en lo político también

Salvador Allende

 

El amor, madre, a la patria

no es el amor ridículo a la tierra,

ni a la yerba que pisan nuestras plantas;

Es el odio invencible a quien la oprime,

es el rencor eterno a quien la ataca.

José Martí

 

Los discursos nacionalistas son peligrosos porque se pueden hacer pasar por patrióticos. Mientras los primeros están fundados en una falsa de idea de supremacía, de voluntad de dominio, los segundos se originan en el amor a la tierra, a la gente, al barrio.  El patriotismo no puede permitirse el odio y la discordia, no puede entenderse sin la profunda conexión y comunión de un pueblo que se ve representado por sus símbolos. Es por ello que el Grito de Independencia del 2019 será un momento fundamental para la biografía emocional de izquierda mexicana.

Este grito es el cúmulo de lo simbólico y el presidente lo sabe, lo sabe tanto que incluso quienes, desde la izquierda, puedan criticar su modo de gobernar tienen la piel erizada y una sensación extraña de alegría al ver algo tan auténtico y conectado con la gente, con el México más México.

Con las arremetidas y filtros constantes de los medios conservadores se nos puede crear la sensación de un país totalmente polarizado, una especie de guerra civil ideológica, en otras palabras, pareciera que México es el campo de batalla de la milenaria guerra entre chairos y fifís. Curiosamente, el Zócalo de la Ciudad de México, este 15 de Septiembre, me desmintió.

No estoy diciendo que no haya una oposición profundamente reaccionaria que intente desestabilizar el país para conservar sus privilegios. Entiendo que ese sector existe, pero el domingo por la noche no vi chairos y fifís ni derechairos y amlovers.  Lo que vi en esa explanada fueron miles y miles de mexicanos y mexicanas, cuyos corazones vibraban en la misma frecuencia, en cuyos latidos resonó la esperanza.

Décadas y décadas de criminales y entreguistas presidiendo la celebración más importante del país le habían retirado su sustancia simbólica. El deterioro del Estado y sus instituciones habían convertido al Grito de Independencia en una parodia de sí misma, pero este año las cosas cambiaron.

Pero, ¿qué fue lo que cambio?, ¿qué hizo diferente ese septiembre? Estoy absolutamente convencido que los símbolos e ideas construyen nuestra visión del mundo. Por mucho tiempo se nos intentó imponer una versión descafeinada de la historia, con unos broncíneos personajes que eran distantes y abstractos. El domingo en la noche, recordamos que la historia de nuestra nación es una historia de resistencia y lucha, que nuestra identidad como país está forjada con la sangre de hombres y mujeres valientes que encontraron en la opresión y la desigualdad una realidad inaceptable. La dignidad latinoamericana reverbera en cada uno de sus pueblos, y en cada uno sus movimientos sociales emancipatorios.

Este Grito de Independencia fue un recordatorio de la responsabilidad, que como pueblo y sociedad, asumimos el 1° de julio de 2018. Conquistamos el derecho para forjar nuestro destino, de librarnos de la plutocracia y sus perversos intereses, el derecho a reconstruir la dignidad que años y años de tecnócratas nos arrebataron en aras del “progreso”.  Esta victoria, producto de un irreductible amor a la patria, viene con el compromiso de lograr la mejor versión de nosotros y nuestro país.

La historia oficialista nos contaba que Hidalgo se levantó en armas por una cuestión de impuestos, pero nadie arriesga la vida por impuestos. En Hidalgo convergían las ideas más revolucionarias de su tiempo y la visión constante de la más atroz desigualdad. Ante este panorama era imposible no querer un cambio. Este sentimiento es el que hermana a la primera con la Cuarta Transformación de nuestro país. Por eso me conmovió tanto este 15 de Septiembre, porque vi el espíritu  de millones de mexicanos y mexicanas  que quieren recobrar su futuro. Porque vi en una sola noche, las venas abiertas de mi pueblo y el rostro de toda una nación que ha sido saqueada, mutilada y oprimida,  y que dijo basta. Este 15 de Septiembre, ante una multitud que se vestía de una sola idea, misma que puede leerse en la estatua del Pípila: “Aún hay otras alhóndigas por incendiar”.


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