Alberto Chiu
Alberto Chiu

Los pasados días 11 y 12 de junio de este año, se llevó a cabo en todo el país la prueba llamada “Planea Educación Básica 3er. Grado de Secundaria”, en la que se evaluaron básicamente dos campos formativos: Lenguaje y Comunicación, y Matemáticas. En el estado de Zacatecas, la prueba se aplicó en mil 136 escuelas (casi el 100 por ciento de las existentes), y los resultados que se obtuvieron son… bastante tristes, por decirlo de manera suave.

Según los datos de salida, tal como lo publica hoy El Diario NTR, en nuestra entidad hicieron la prueba más de 18 mil estudiantes, de los cuales “47 por ciento de los alumnos de tercer grado de secundaria que la presentaron resultaron en el nivel de ‘insuficiente’; y apenas un 3 por ciento en ‘sobresaliente’; casi nada. En otras palabras, casi la mitad de nuestros estudiantes que terminaron la secundaria acabaron con muy pobres conocimientos en cuanto a Lenguaje y Comunicación, y Matemáticas.

Eso significaría, de acuerdo con especialistas, que prácticamente la mitad de los jóvenes que empiezan el bachillerato llegan con escasas habilidades, por ejemplo, para entender y evaluar críticamente un texto cualquiera; para analizar contenidos y estructura, o desarrollar una comprensión global e interpretación de lo que leen; o para reflexionar sobre el lenguaje utilizado, su significado y la forma en que está escrito. Estamos en problemas.

¿Cómo acometerán esos estudiantes los textos del bachillerato, si no llegan a entenderlos completamente? De ahí se explicarían muchos casos de reprobación y, en su momento, incluso de deserción de esta etapa escolar, pues al no comprender lo que están estudiando crece en ellos la desesperación, se decepcionan y, finalmente, desisten. Estamos en graves problemas.

Y ya ni hablar de la parte de Matemáticas, donde se intenta evaluar cómo andan los adolescentes en cuanto a entender los sistemas numéricos, desarrollar el pensamiento lógico y solucionar toda clase de problemas matemáticos y algebraicos, geométricos, de funciones, o para analizar y comprender nociones de probabilidad y estadística. Todos estos, saberes fundamentales para desarrollar el aprendizaje de cualquier otra área del conocimiento. Ufff.

Pero todas estas pruebas, como se sabe, al mismo tiempo que son una herramienta para evaluar no sólo a los alumnos, sino a los maestros y sus métodos y técnicas de enseñanza, representan también una oportunidad de oro para encontrar las fallas y tratar de corregirlas. Claro, siempre y cuando se acepte que se puede mejorar, y empeñarse en ello.

La estrategia debe ser clara en este sentido: mientras mejor preparados vengan los alumnos desde los niveles básicos de educación, más preparados estarán para afrontar las posibles decepciones y desánimos que les pudiera causar la educación de niveles superiores; podrán además desarrollar habilidades individuales aplicables no sólo a lo académico sino a la vida diaria; y finalmente, tendrán la oportunidad de verse mejor calificados a la hora de buscar satisfacer su vocación personal, en cualquier carrera que elijan.

Con los resultados en la mesa, ya viene siendo hora de que todo el sistema educativo estatal reflexione sobre cómo está formando a los alumnos, a fin de no convertirse en copartícipes de su fracaso, ni promotores de su desempleo o subempleo futuro. Y van tarde.


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