Alberto Chiu
Alberto Chiu

La ceremonia protocolaria del Tercer Informe de Gobierno de Alejandro Tello, como gobernador del estado, transcurrió como se esperaba. Sin mayores sobresaltos durante la ceremonia formal, envuelta en un ambiente más bien cómodo para el gobernador y para su partido político, y en el ánimo más soso de quienes se dicen su oposición.

Lejos, muy lejos estamos de haber escuchado alguna pieza de oratoria digna de un mayor reconocimiento por parte de los diputados; ni de los del partido en el gobierno estatal, ni mucho menos de los del partido en el gobierno federal, y ni hablar de los demás institutos políticos, cuyos representantes populares pasaron por todas las escalas del gris, sin llegar a tomar color.

A cada Legislatura que pasa por ese recinto, luego muchos nos preguntamos si habremos visto ya la peor que nos haya tocado en nuestro tiempo… sólo para respondernos que no, que por lo que se aprecia, los diputados que van llegando nos tienen reservadas sorpresas cada vez mayores. Nos sorprende la impericia, la falta de tacto y de estrategia política, la carencia de visión de estado, la ciega obediencia a líneas discursivas ineficaces dictadas desde quién-sabe-dónde, y sobre todo, la ausencia de la voz ciudadana en algunos de sus discursos.

Si es que se hicieron señalamientos sobre las omisiones y las carencias en la acción gubernamental, que los hubo, me parece que se hicieron con una excesiva conmiseración hacia la conocida condición en que se ha develado el gobernante: su soledad. Palmas para el gobernador, taches para sus colaboradores. Pero es el gobernador quien dirige a sus subordinados, no los “sufre” ni los “carga”.

Otra de las que me parece son fallas de origen, es el haber “felicitado” al mandatario por “logros”… que todavía no lo son y que, peor aún, ni siquiera depende de él el que lleguen a serlo, como las carreteras, la presa Milpillas, etcétera. Con todo y que el propio gobernador los presumió en su informe… aunque todavía no sean realidad.

Así como el reconocerle que está haciendo un gran trabajo (sí, se lo reconocieron varios) en materia de transparencia y rendición de cuentas, pero no hay resultados concretos sobre los señalados del sexenio anterior, empezando por el ex gobernador Miguel Alonso y muchos más de sus entonces subordinados; o como el gran trabajo de gestión que hace por la UAZ… pero sin soluciones contundentes y definitivas sobre su crisis financiera, igual que con la nómina magisterial con la que batalla cada quincena.

Plagados de lugares comunes, citas de sus “deberes” como diputados, palmadas en la espalda del mandatario, “cebollazos” de autoelogio a sus propios partidos y pocos datos concretos, los discursos de nuestros diputados dejaron mucho qué desear.

El pretendido “equilibrio de poderes” se pierde, sin duda, cuando no hay quien haga el papel de contrapeso real, pues todo se carga a un solo extremo y, ahí, se pierde la dimensión de la realidad, pero más importante, se pierde el sentido de la justicia y el camino hacia el desarrollo conjunto, pues se nubla la visión crítica y autocrítica del ejercicio de gobierno, y se privilegia la visión indulgente de quien sólo busca obtener un beneficio particular. Triste papel, el de nuestros diputados.


Nuestros lectores comentan

  1. No sse podía esperar más de esta runfla de mequetrefes que accedieron a ese puesto de elección popular (y otros no), solo para estar cómodos económicamente y para sentir que algo valen en la sociedad, pues no olvidemos que la gran mayoría de ellos son seres faltos de afecto, emanados de un devenir de amarguras y traumados y acomplejados por esas mismas circunstancias. Claro que sus condiciones emocionales no son justificación de ninguna manera para esculparlos de sus excesivas ignorancia, inoperancia e ineptitud. Es lo mismo con tello, su esposa cristina y toda su gavilla de becarios.