Enrique Laviada
Enrique Laviada

No os equivoquéis (…) si mi

                                                     aspecto se ha vuelto sombrío,

                                                     el descontento de mi semblante

                                                     solo va contra mí.    

                                                              William Shakespeare

 

El informe del gobernador Alejandro Tello, como era de esperarse, no reveló mayores novedades, a la sazón de un mismo tono de voz, similares gestos y con las muy medidas formas que acostumbra usar, nos reiteró que todo sigue igual de complicado, pero en lo que a él respecta se encuentra, como desde el principio, haciendo su mejor esfuerzo.

Se le notaba visiblemente nervioso, titubeó en repetidas ocasiones, confundió palabras, su gesto dejaba ver malestar, pero no sabemos si referido a la situación por la que atraviesa la entidad o consigo mismo, el caso es que su aspecto y semblante no eran los de un hombre al que le apasiona lo que hace y disfruta de su cargo.

No creo equivocarme al concluir que ninguno de los asuntos relativos a su informe, ninguno, dejó de ser remitido al plano nacional o al orden federal: lo mismo en materia de seguridad, desarrollo económico, bienestar social, educación y los grandes proyectos de infraestructura que una y otra vez son mencionados por su urgente necesidad, siempre bajo una y la misma premisa.

Me refiero, estimado lector, a la relación del actual gobernador con el nuevo presidente de la República, idas ya las ilusiones de un PRI eterno y que, justo como se mencionó en el informe, implica un cambio de régimen político, con el que dijo Tello estar de acuerdo (¿?), para sorpresa de muchos, y creo que en especial del líder nacional de su partido, Alejandro Moreno, para entonces un tanto distraído.

El punto parece ser que el gobernador ha decidido atenerse, en todo, a los designios del gobierno federal, a quien agradece los apoyos en programas sociales, al tiempo que solicita de la manera más atenta que siga igual que antes la administración del Fondo Minero, sin dejar de lado su importante contribución a la seguridad mediante la presencia de la Guardia Nacional, y si no fuera mucho pedir autorice las inversiones en autopistas y la famosa presa Milpillas, de todo lo que depende el futuro inmediato de la entidad.

Fue evidente que el gobernador apenas alcanzó a modificar su gesto, el énfasis de sus palabras, al momento de agradecer al presiente López Obrador su respaldo y pedirle respetuosamente a Graciela Márquez, titular de la Secretaría de Economía, y representante personal del presiente en el informe, fuese el conducto de tan sentidas demandas y peticiones.

Sin embargo, pocos minutos después del informe, circulaban versiones acerca de que el gobernador Alejandro Tello no prestó gran importancia a su presencia, no obstante que la funcionaria federal es la directamente encargada de los temas de minería, debido a la impericia y hasta la torpeza que en materia de política interior y relaciones institucionales caracterizan al gobierno estatal, sin medir, claro está, las consecuencias.

Los anuncios del informe de Tello prefiguran que ha llegado el tiempo, pues, de atenerse a lo que el gobierno nacional pueda y quiera conceder a la entidad, sin mediar una estrategia de convocatoria para la gestión, sino simplemente los buenos deseos de alguien que pide confianza, ya que es honesto y muy sacrificado, según nos ha dicho.

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Acertijo

Engañoso


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