SERGIO SARMIENTO
SERGIO SARMIENTO

“Es un déspota todo aquel que cree que ser opositor al gobierno es ser un traidor a la patria”.

Juan Bautista Alberdi

 

Una democracia es tan fuerte como su oposición. Donde no hay oposición no puede haber democracia. Esto lo han reconocido los mayores estadistas del mundo. Por eso preocupa que el presidente Andrés Manuel López Obrador haya declarado el 1ro de septiembre que “la oposición está moralmente derrotada”. También que los dirigentes de Morena estén cambiando la Ley Orgánica del Congreso para quitar espacios a la oposición.

Los líderes de la Cuarta Transformación no tienen por qué preocuparse de la fortaleza de la oposición sino de su debilidad. El principal partido de oposición, el PAN, tiene solo 78 diputados, 15.6 por ciento del total. Tratar de debilitarlo más quitándole espacios políticos que por ley le corresponden es un error de estrategia.

Benjamin Disraeli, el notable estadista británico conservador del siglo XIX, lo entendió muy bien cuando señaló: “Ningún partido puede estar seguro mucho tiempo sin una fuerte oposición”. Su legado democrático es en buena medida producto de la rivalidad que tuvo con el líder liberal William Gladstone. La alternancia de ambos en el poder ayudó a mejorar las instituciones políticas y económicas del Reino Unido. El ex presidente del gobierno español, Felipe González, ha señalado que uno de los factores que le permitieron tomar las medidas que transformaron la economía española fue contar con una oposición fuerte y responsable.

En México vivimos demasiado tiempo bajo un régimen de partido hegemónico. Las reformas electorales de 1989, 1993, 1994 y 1996 permitieron dejar atrás ese régimen para que surgiera una democracia cabal, pero una parte significativa del esfuerzo fue el acuerdo entre partidos de 1997, “en el cual participó, entre muchos, Muñoz Ledo”, según ha recordado el vicecoordinador de los diputados de Morena, Pablo Gómez. Quizá por eso Gómez ha señalado que “Morena debe hacer un esfuerzo para no caer en métodos que sus dirigentes e integrantes combatieron siempre”.

El acuerdo de 1997 establecía la rotación de partidos en la presidencia de la mesa directiva de la Cámara de Diputados, dejando de lado el control permanente que había tenido el PRI por décadas. El acuerdo dejó en claro que el presidente de la mesa no es representante de un partido sino de todos los diputados de todas las corrientes.

Independientemente de su descalificación de la oposición como moralmente derrotada, el presidente Andrés Manuel López Obrador ha defendido la preservación de este sistema de equilibrios que fueron tan importantes para construir la democracia mexicana. Lo aplaudo con entusiasmo. No solo mandó a la secretaria de gobernación Olga Sánchez Cordero a decir a los diputados de Morena que los cambios a la Ley Orgánica del Congreso “nos están impactando mucho negativamente”, sino que calificó como “una vergüenza” en su mañanera esas modificaciones a la ley.

Los diputados de Morena deberían escuchar no solo estas palabras sino la ética política detrás de ellas. La Cuarta Transformación, ha señalado Pablo Gómez, “trae grabado el sello de la lucha contra el autoritarismo, la negación de derechos, la represión y la segregación política de críticos y opositores”. Por eso no puede simplemente adoptar “la cultura del agandalle”. Hay que recordar el espíritu de los acuerdos que se firmaron en 1997. Según Pablo Gómez, “Respetar lo acordado forma parte de la moral del poder”.

 

Contra soldados

Unos manifestantes atacaron con palos a los soldados que trataron de impedir que colocaran tiendas sobre los muros de Palacio Nacional. Los soldados se retiraron, aunque algunos resintieron heridas. Ninguna autoridad hace ya nada ante quienes vandalizan monumentos o edificios o atacan a policías o soldados en manifestaciones. Es un error.

 

Twitter: @SergioSarmiento


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