Alberto Chiu
Alberto Chiu

Luego de varias pláticas con diversos amigos, me quedó rondando en la cabeza la pregunta que encabeza esta columna. Y no se trata de preguntarse ociosamente sobre su ubicación geográfica, sino de dónde está nuestro país, en el contexto personal de quienes aquí vivimos, en el corazón, en la conciencia de los que nos decimos mexicanos no sólo de membrete, sino de compromiso y amor a la tierra.

Sí, el patriotismo debe ser ese sentimiento valioso, atesorable y defendible de pertenencia, tanto a un conglomerado social como a una identidad propia como nación, tal como nos sentimos pertenecientes a una familia, quizás a un grupo de amigos o a incluso a una institución educativa. Un sentimiento que nos permita vernos reflejados y enlazados con otros que comparten la misma condición de ser mexicanos.

Ya estamos en los primeros días de septiembre, considerado Mes de la Patria, y aunque las discusiones sobre el patriotismo se ven más socorridas en estos días, me parece que lamentablemente estamos muy lejos de un “estado patriótico ideal”, pues son muchos los ciudadanos de este país que, con tristeza se constata, hacen hasta lo imposible por anteponer sus intereses particulares a los de la patria. Y sí, muchas veces son políticos quienes lo hacen.

Sin embargo, las discusiones y pláticas acerca del patriotismo deberíamos tenerlas todo el tiempo, con el fin de defender y promover todos aquellos valores que, más allá de las muchas y muy marcadas diferencias entre los millones de mexicanos que estamos en esta tierra, nos hagan por el contrario unirnos por el amor a la patria y a los compatriotas.

Podrá haber diferencias de carácter religioso, y cada mexicano puede profesar la fe que quiera –que además así está protegido al amparo de la Ley–; podremos tener distintas filias y fobias políticas, distintas visiones sobre el gobierno, variadas concepciones socioeconómicas para el desarrollo de las personas y sus familias, etcétera. Pero debe haber ese sentimiento que amalgame las voluntades siempre al considerarnos todos mexicanos. ¿Se podrá?

Creo que, por principio de cuentas, ese sentimiento hay que fomentarlo desde la casa, tanto en las pláticas familiares cada que haya oportunidad, como utilizando aquellos símbolos que –se supone– formarían parte de la espina dorsal de los valores nacionales: los símbolos patrios. El respeto a la Bandera, al Himno y al Escudo Nacional son fundamentales, y quien los desprecia enseña, con el ejemplo, a despreciar a los demás.

Igual podremos hablar de los otros valores universales, como la honestidad, la justicia, la búsqueda del bien común, y sobre todo, el respeto a la Ley, como parte imprescindible de la formación de ese sentimiento.

Ojalá este mes no pase desapercibido como pretexto para fomentar dichos valores y el patriotismo en general, y que por el contrario sirva de punto de arranque para que, quienes aún no lo hacen, se den la oportunidad de cambiar al mundo empezando por sí mismos, con la vista puesta en que queremos un mejor país para nosotros y para quienes nos sucederán. Ahí encontraremos a México, dentro de cada uno.

 


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