Enrique Laviada
Enrique Laviada

Mientras los genios de la comunicación al servicio del gobierno (¿?) se esmeran en cultivar la imagen más amable del gobernador Alejandro Tello (véase la ternura con la que aparece abrazando un borreguito), la realidad les golpea en el rostro.

Apenas ayer, como parte de los ecos del informe presidencial, se han dado a conocer los datos duros relacionados con el mal manejo de los fondos públicos y, como para no variar, las calificaciones son bastante negativas.

Según los datos publicados por la Secretaría de la Función Pública a nivel federal, como se expone en nuestra edición de hoy, más de dos mil millones de pesos de entre las partidas presupuestales de los años recientes, no cuentan con la debida comprobación de su gasto.

Una parte de las inconsistencias, omisiones, lagunas y lados oscuros corresponden a los últimos años del sexenio de Miguel Alonso y el resto a la actual administración, encabezada por Tello, y deberán ser pronto solventadas o dar lugar a las sanciones correspondientes.

Habrá que ver (como decía el tal Alonso) si el servidor y amigo incluye en su tercer informe alguna explicación a semejantes irregularidades, o como de costumbre, el asunto pasa a formar parte del inconsciente simulado del quinquenio.

El contraste de la “fabricación publicitaria” y la evidencia de una administración fuertemente señalada por su ineptitud y pasividad, salta a la vista.  Y eso sucede, justo cuando senadores y diputados federales redoblan esfuerzos para atraer programas y recursos frescos, tan necesarios para la entidad.

El monto requerido por las autoridades federales para su debida comprobación es el segundo más alto del país, lo que deja en evidencia a Tello, a pesar de los enormes esfuerzos que realizan sus brillantes asesores (es ironía) para ocultarlo.

No es difícil suponer que en la “panza” de esos dos mil millones se encuentre una parte de la corrupción que todos sabemos existió de manera escandalosa en la época de Alonso y sólo el grupo en el gobierno insiste en ocultar, cargando sus costos y daños colaterales a la población.

Pero ahora sabemos que las inconsistencias y la sombra de la duda también alcanzan al gobierno de Tello, otra vez en contraste con la apariencia de honestidad y rectitud y honorabilidad que ponen a la venta (para quien guste seguirlas comprando), gracias a un mercadeo político de segunda o tercera categoría.

Debe ser un tanto molesto que en la víspera del informe se reciban tan malas calificaciones en materia de administración de recursos, pero no tengo duda acerca de la probada indiferencia de las autoridades estatales ante la crítica, y la autocomplacencia con la que suelen remediar sus aflicciones.

Es seguro que el gobernador declare su pesar y que tanto lamenta que el gobierno federal le cuestione de ese modo, igual que lamenta la violencia y la falta de oportunidades y la pobreza y la carencia de recursos y los planes frustrados y todo lo que contrasta con sus espectaculares y anuncios publicitarios.

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Acertijo

Diferencia perceptible


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