Enrique Laviada
Enrique Laviada

Hace casi 17 años, un grupo de terroristas de nacionalidad chechena entraron fuertemente armados al teatro Dubrovka en Moscú, donde se encontraban casi un millar de personas, a quienes tomaron como rehenes. De inmediato, los asaltantes colocaron bombas en las paredes y balcones: cada uno portaba, además de armas de alto poder AK 47, cinturones cargados de explosivos, con los que amenazaron hacer explotar el recinto, a menos que fueran atendidas sus demandas separatistas y la exigencia del retiro inmediato de las tropas rusas de su territorio, ubicado al norte del Cáucaso y que, luego del derrumbe de la Unión Soviética, proclamara su independencia y la intención de formar un estado islámico, con la abierta oposición de Rusia, lo que condujo a una sangrienta guerra que, ya para entonces, había costado la vida a más de cien mil personas.

No obstante que los rusos hicieron complicadas maniobras diplomáticas y denodados esfuerzos de negociación, el asalto derivó en una de las peores crisis de rehenes en la historia, hasta que el presidente ruso, Vladimir Putin, dio la orden de atacar, mediante una operación relámpago que dejaría impactado al mundo entero.

Sin embargo, en la acción sólo se registraron unos pocos disparos, debido a que los rusos usaron un arma química para neutralizar a los terroristas. El resultado de la incursión, que duró cerca de dos horas, arrojó cerca de 170 muertos, la mayor parte de ellos rehenes, mientras el resto, casi medio centenar, correspondía a los terroristas islámicos, incluido su líder Movsar Baráyev, un distinguido integrante de las familias gobernantes chechenas.

Las imágenes del asalto dieron la vuelta al mundo y pronto los temores se confirmaron: el gas utilizado por las fuerzas especiales rusas, (tropas de elite adiestradas especialmente para realizar ese tipo de misiones), como arma química, era un narcótico con las características de los opioides, pero elaborado y sintetizado en laboratorios. De acuerdo con algunas notas periodísticas de la época, sólo dos de las muertes en el ataque al Dubrovka habían sido provocadas por el disparo de armas de fuego.

Le comparto esta historia, estimado y paciente lector, debido a que esa sustancia, llamada fentanilo, sería años más tarde identificada como una de las drogas más potentes y peligrosas que pueden conseguirse en el mercado negro (principalmente en los Estados Unidos). Su tráfico actual en el mundo se estima en miles de millones de dólares, y representa un peligro mortal para quienes la consumen.

De acuerdo con reportes recientes, el fentanilo que circula ilegalmente en las calles de muchas ciudades norteamericanas es conocida con varios nombres, tales como: China Girl o China White, Dance Fever, Goodfellas, Posion, He-man y Tango & Cash. Así es como aparecen en la página informativa de la Administración para el Control de las Drogas (DEA), donde también se dice que sus efectos estimulantes son altamente adictivos y suele mezclarse con otras drogas como la cocaína, la heroína o las metanfetaminas para amplificar aún más su potencia.

En nuestra nota principal de El Diario, en su edición de hoy, presentamos al público los pormenores de un operativo realizado en territorio zacatecano, con el que se logró interceptar un cargamento de fentanilo, lo que muy probablemente, según ha trascendido, incluiría operaciones conjuntas de la DEA y las corporaciones policiacas y las autoridades mexicanas.

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Acertijo

También se le conoce como llave de la muerte


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