Enrique Laviada
Enrique Laviada

En su más reciente visita a Zacatecas, el senador Ricardo Monreal jaló reflectores y repartió declaraciones, sonrisas y abrazos, como de costumbre. De nuevo su capacidad de convocatoria quedó completamente confirmada. Se le podía observar contento y siempre dispuesto a escuchar y atender. Muchos se le acercaron.

Sin embargo, de un tiempo a esta parte, es decir, desde que Morena arrasó en las elecciones y López Obrador es presidente, evidentemente el desfile es todo un espectáculo en el que sobresalen los arrepentidos, a quienes es posible clasificar (es ironía) y no puedo dejar de mencionar en este espacio. Aclaro que lo hago de manera enunciativa y no limitativa (otra ironía), de modo genérico, para que cada quien se sienta en absoluta libertad de acomodarse, personalmente y a su gusto (también es ironía). Ahí van:

Arrepentidos en modo cínico. Es el grupo más numeroso. Lo conforman personajes de distinto perfil y estrato en la política local. Su denominador común es que al triunfo del tricolor, se apartaron del monrealismo tan rápido como les fue posible, y buscaron nuevos acomodos, generalmente con éxito. De ahí salieron diputados, alcaldes, regidores y dirigentes. Apresuradamente conversos. En la mayoría de los casos su justificación fue el regreso a casa. Y por eso renovaron sus credenciales (se sabe que algunos las habían quemado), y recordaron descendencias y procedencias en sectores y regiones. Todos hablaron mal de los Monreal para abrirse paso de regreso. Fueron los que aplaudían como focas cada vez que se mencionaba aquello de que éramos el “estado más priista del país”. Pero ya ni recordarlo. Ahora no les cuesta trabajo, por lo visto, hacer lo mismo pero al revés, en modo cínico.

Corruptos, pero arrepentidos. Se desprenden del grupo anterior. Son una capa o nata privilegiada. Existen datos fidedignos y denuncias formales respecto de su corrupción y voracidad. La de uno en especial. Pero en conjunto son quienes están convencidos de que pueden terminar en la cárcel y buscan desesperadamente el perdón. Se les puede encontrar haciendo guardia en salas de espera o aguardando en la línea telefónica. Al parecer, los domina el miedo y un remordimiento que no los deja dormir. Y con suficiente razón.

Arrepentidos en suspenso. Están decididos, pero se sabe que han preferido el suspenso. Se les conoce por su inteligencia y perversas intenciones. En la actual administración y en la pasada fueron asesores y consejeros destacados. Algunos aún ocupan cargos, pero se encuentran bien preparados y atentos al cambio de marea. Se distribuyen en los tres poderes. No necesariamente vistieron la casaca tricolor pero se alinearon. En su caso, se sabe que evitaron expresar condenas al monrealismo y se abstuvieron de realizar ataques o lanzar insultos o agravios personales. Su habilidad para ubicarse en el lugar conveniente y el momento preciso está fuera de duda. No aceptan moldes partidistas ni etiquetas. Suelen venderse bien.

Arrepentidos institucionales. Se pueden encontrar entre las legiones de burócratas que por necesidad actúan de manera institucional. Viven de su trabajo. Con modesta y cierta sinceridad están dispuestos a arrepentirse por exagerar en su aplauso y haber participado en fraudes electorales y otras misiones nefastas, más obligados que por gusto o convicción. Dicen que ellos entienden el mensaje de que el tiempo se ha cumplido y la salvación está cerca. Entre justos y pecadores, son los que más valen (ironía final).

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Acertijo

Tomen sus lugares


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