Alberto Chiu
Alberto Chiu

Luego de los recientes acontecimientos en el Congreso del Estado, con el asunto de los matrimonios igualitarios y el resultado que ya todos vimos, hemos escuchado a personajes de la política local minimizar el tema con la justificación de que, en este momento, no es un tema prioritario. Y que hay, por delante, todavía una larga lista de cuestiones que deberían ser resueltas primero, como el abatir la pobreza, la generación de más y mejores empleos, la cobertura universal y plena de salud, educación para todos, y por supuesto, el tan anhelado estado de paz y tranquilidad que muchos extrañamos.

Y es cierto, son temas que sí deberían ser prioritarios, pero que desde las más altas esferas gubernamentales del estado, parecen no ser tocados más que de ladito, sin que las políticas públicas actuales (¿?) estén dando los frutos exigidos por la sociedad.

No alcanza a distinguirse, con mediana claridad, cómo es que se planea desde la administración pública acometer cualquiera de esas empresas que aparecen ante nuestros ojos como gigantes imbatibles, mientras sí vemos cómo pasa el tiempo y desde los gobiernos parece quemarse la pólvora en infiernitos, ya sean éstos de carácter político-partidario, o político-sociales.

A decir de algunos observadores de lo que sucede en nuestra entidad, no se aprecia una planificación especializada de las acciones de los gobiernos (ni los municipales ni el estatal) que tengan objetivos específicos, claros y asequibles, ni tampoco se distinguen las estrategias internas que deberían, por ejemplo, brindar tanto el soporte social como el respaldo presupuestal necesario para llevarlas a cabo.

A estas alturas del partido, muchos se preguntan cómo se están abordando las “vocaciones regionales” (si es que hay), dependiendo de si se impulsarán acciones a favor de la producción primaria, o de la actividad industrial, o de la profesionalización de los servicios. ¿Qué municipios son turísticos, cuáles son de evidente producción agropecuaria, cuáles son industriales y cómo se está apoyando a cada uno de ellos para que desarrollen tal o cual vocación?

De igual manera, se preguntan cómo es que los presumidos “esfuerzos” que se han hecho no logran fructificar muchas veces en conseguir más presupuestos para cada uno de esos rubros, y por qué las gestiones a menudo se quedan a medias o no llegan a ninguna parte. Y por supuesto, queda siempre la pregunta final: ¿Y ahora qué vamos a hacer? ¿Para dónde vamos?

Sí, siempre aparece la respuesta consabida de que “así nos dejaron el estado”, de que “la diferencia de partido gobernante es un obstáculo”, o de que “es una estrategia electoral que juegan a su favor, con sus propios recursos”. Y entonces resuena la misma pregunta final con más fuerza.

A fin de cuentas, me parece que han faltado también las estrategias y el contacto más cercano localmente, entre el gobierno local y los actores de la producción, para buscar soluciones de mercado interno que, independientemente de lo que suceda a nivel nacional, aquí podamos ayudarnos todos, en un esfuerzo y unión de voluntades que, políticamente, podría resultar más beneficioso. Pero el orgullo es mal consejero… y la apatía es peor compañera.


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