ALBERTO CHIU
ALBERTO CHIU

A pesar de que el país no tenga un crecimiento o desarrollo económico destacado, tal como nos lo han venido diciendo durante los últimos 10 o 12 días las instancias que miden estos asuntos, al menos en el discurso oficial persiste la línea que señala que “aunque no estamos mejor, no estamos peor”… o algo parecido, y que seguramente en la segunda mitad del año lograremos un crecimiento de (si acaso) la mitad de lo que antes habían predicho. ¡Ah, bueno!

El asunto de la distribución del presupuesto público sigue estando en boca de medio mundo de una u otra manera, pues mientras hay quienes insisten en que la estrategia de repartir dinero al beneficiario final es la correcta, los hay otros también que señalan que debería mejor irse, por ejemplo, a la obra pública o los empleos temporales, para que de ahí llegara al beneficiario final en forma de sueldo a cambio de chamba, y no sólo como “regalo paternalista” del gobierno federal.

Sin embargo, aquí en Zacatecas el presidente de la República vino a dar precisamente un ejemplo de lo que seguirá sucediendo: lo recaudado a través del “Impuesto Minero” llegará, efectivamente, a los municipios mineros… pero no a los órdenes municipales de gobierno, sino a los beneficiarios finales de alguno de sus múltiples programas.

La gente seguramente recibirá una tarjeta bancaria donde le “caerá” regularmente su cachito de presupuesto, pero mientras recibe ese dinero bien puede entonces olvidarse de que su gobierno local cuente con dinero para hacer obras, o para adquisiciones, o quizás hasta para seguridad, o vaya usted a saber si para pagar los sueldos de la propia administración.

Y seguiremos, pues, igual que como empezamos: esperando que algún día haya desarrollo y crecimiento gracias al fomento a la inversión, gracias al impulso productivo, etcétera. Cosa que, creo yo, no llegará dentro del mediano plazo.

Por si fuera poco, esto que parece ser un estancamiento (aunque desde Hacienda le digan “desaceleración de la economía”) se ve al mismo tiempo agravado por el otro flagelo que hace par con la pobreza: la violencia, principalmente la desatada por la delincuencia, llámese común u organizada, que mantiene a buena parte de la población en vilo.

Si las cifras económicas son preocupantes, las cifras de víctimas letales y colaterales de esa violencia son verdaderamente escalofriantes, y la sucesión constante de jornadas violentas en el país, donde se han llegado a registrar hasta una veintena de muertos en un solo día en un solo lugar, son increíbles… pero verídicas, y sin que haya una solución aparente ni en el corto, ni el mediano ni el largo plazo.

Y entonces, ¿qué hacer ante el sentimiento de que “seguimos igual” o quizás peor? Me parece que nuestro deber como ciudadanos es, básicamente, respetar la ley, educar a los hijos para que la respeten, y exigirle a la autoridad que la haga valer. Cumpliendo esa parte, al menos podremos estar satisfechos de hacer lo que nos toca. La otra parte, sin duda, será la selección responsable y concienzuda de los próximos gobernantes y legisladores. ¿Que falta mucho? No crean, ya todo mundo se mueve, y hay que estar muy atentos, si no queremos seguir igual.


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