Enrique Laviada
Enrique Laviada

Si lo que dicen es cierto, no es lo mismo la cuarta transformación, que la transformación impulsada por el gobierno sea de cuarta, empero, lo que parece completamente cierto es que la oposición, al menos por estos rumbos, es de quinta (categoría) y francamente no alcanza ni para la pena ajena.

Veamos:

PAN. Su actual dirigente, Noemí Berenice Luna, hace lo que puede por exhibir su escasa influencia entre los propios panistas (es ironía), luego de que lograra colocarse al frente entre gritos y sombrerazos y demandas y contrademandas, que terminaron por congelar las emociones de una derecha que, en otro tiempo, tenía siempre algo que aportar.

Aun así, la tal Noemí, muy envalentonada, pero sin muchos argumentos ni posibilidades, ha cuestionado fuertemente (la ironía se entiende sola) al gobierno de López Obrador, en un desplante digno del aplauso de una parte del público y no pocas risas burlonas desde las gradas.

Sus declaraciones, lamentablemente, no cuentan ni con el respaldo ni con la participación activa de las corrientes tradicionales del PAN, ni de sus sectores pensantes, ni de los que hacen lo contrario, dicho sea en un sentido pragmático, en fin, que de nadie del lado azul.

……………………………

PRD.  De entre sus escombros, apenas audibles, surgen incomparables lamentos y reclamos al nuevo gobierno de México, siempre en voz baja, por aquello de que más vale no sacar la cabeza, no sea la de malas.

Parece difícil saber quién o quienes forman su dirección, pero tampoco se conoce gran cosa acerca de sus bases, antes extraordinariamente activas, hasta militantes, como ha sido tradición en sus filas, perfectamente divididas en tribus, pero, al menos, realmente existentes.

En el plano formal, sólo en ese, aparece un tal Arturo Ortiz, dedicado a la atención de sus negocios, lo que incluye la franquicia amarilla, sin mayores pretensiones que las de sobrevivir y, en el mejor de los casos, mantener una cuota inmerecida de diputados locales (plurinominales), en defensa de su propia decadencia, tal vez, aunque no es promesa.

……………………………

PRI. Es el que mejor representa la quinta fila, apenado por la derrota en el país, segmentado por la desgracia, desde donde sólo se sabe que su orgullo se desvaneció, de la misma furtiva forma en la que de pronto vino.

Son los priístas, siempre tan acostumbrados a recibir línea del primero entre ellos, es decir, el gobernador en turno, para el caso actual, indispuesto, a cualquier asunto político.

Pero, por si fuera poco, ahora pretende impartir lecciones de democracia interna, en un proceso que todo indica será controlado por el gobierno de López Obrador como una especie de maldición gitana, o algo así por el estilo.

A falta de primer priísta, los segundos, mostrando un pelotón compacto, parecen dispuestos a acoplarse, sin escrúpulos, pero dignamente portando la playera tricolor, mientras se pueda y se los permitan.

PVEM. Dejó de ser bisagra del PRI para servir de lo mismo a Morena, pero con la misma poca decencia siempre.

………………..

Acertijo

Es lo que hay


Los comentarios están cerrados.