ALFONSO CARLOS DEL REAL LÓPEZ
ALFONSO CARLOS DEL REAL LÓPEZ

AMLO va a seguir inmerso en declaraciones fuertes, matonas, duras, confusas; pero como van las cosas, no le va a alcanzar el tiempo para ordenarlas, controlarlas, materializarlas y en uSoy uno de muchos que presupone que cuando el Presidente Andrés Manuel López Obrador comenzó con su dinámica de las conferencias de prensa matutinas, subestimó la posibilidad de acaparar la agenda pública en México.

No se malentienda algo que quiero expresar en un sentido estrictamente mediático. No quiero decir que el Presidente AMLO no sea visto, escuchado o leído (al contrario, creo que es “eso” y más), sino que, más allá de esa inmediatez rígidamente discutible en cuestión de elementos relacionados a los medios de comunicación, el meollo del asunto de los posicionamientos presidenciales  relacionados con las políticas de gobierno o con las políticas públicas –dos conceptos completamente diferentes que, en consecuencia, tienen un ámbito de actuación “bien diferente”– tienen dimensiones muy disímbolas de lo que se podría pensar que entienden y asimilan no solamente el mexicano promedio, sino el “mexicano promedio enterado de la vida pública”. Ojo en eso.

A lo que quiero llegar es que el Presidente de la República ha tenido el talento, la tenacidad, perseverancia, disponibilidad, decisión y posiblemente la obstinación, para erigirse como el mayor centro de atención política en el país entero. No es cosa menor.

Porque independientemente de todo el conjunto de situaciones que AMLO haya pasado, visto, decidido u ordenado, es claro que el manejo mediático del gobierno federal gira en torno del presidente mismo con visos considerables de “Jefe Máximo” del sistema político mexicano, algo que no era imaginable o hasta era intolerable hace décadas. Y eso obliga a pensar en referencias.

Escrito lo anterior, permítaseme enfocarme en la esencia de esta colaboración, no sin antes dejarme pedirle de la manera más modesta que, siendo del perfil político que sea, estimad@ lector(a) de El Diario de @NTRZacatecas, deje de lado sus filias y fobias político–partidistas y me siga en esto con tranquilidad y sutileza para llegar a un punto  de equilibrio político: en política, el pez por su propia boca muere.

Una vez hecho lo anterior, vámonos al corazón de lo que le quiero decir–comentar, sin afán de polemizar: al presidente le falta tiempo para materializar de manera fidedigna lo que expone en las conferencias matutinas. Y le falta equipo.

Pero por lo pronto, enfoquémonos en el tiempo. Esa primera parte es muy dura, porque representa un acicate de realidad a la que los gobernantes le tienen temor y, sobre todo, le tienen miedo terrorífico –e ignorancia– por lo que subyace. Porque de verdad, estimad@ lector(a), los tiempos del gobernante no tienen nada que ver con los tiempos del gobierno. El gobernante en turno propone, y la burocracia –a la postre, “el gobierno”– dispone (“¡Sorpresa, chiquitín!”) y eventualmente eso se convierte en los tiempos del gobierno. Parece complicado, ¿no? Pero piense simplemente en esa posibilidad donde el tiempo no alcanza para las expectativas de la vida. ¿Me sigue?

Pues mire, estimado lector de El Diario. AMLO va a seguir inmerso en declaraciones fuertes, matonas, duras, confusas; pero como van las cosas, no le va a alcanzar el tiempo para ordenarlas, controlarlas, materializarlas y en una de esas, evaluarlas.

Estamos en la antesala de una etapa de cuestionamiento directo al Presidente de la República que viene de su posición mediática y, para responder, ocupa información sólida, no solamente “tener otros datos”. No, no. Se va a ocupar otra “cosita” más que eso. Espero que lo tenga.

 

AMLO va a seguir inmerso en declaraciones fuertes, matonas, duras, confusas; pero como van las cosas, no le va a alcanzar el tiempo para ordenarlas, controlarlas, materializarlas y en una de esas, evaluarlas


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