STAFF | NTRZACATECAS.COM
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Verás, querido amigo. Te has puesto a pensar, como el personaje público que eres o puedes ser, ¿qué provoca la ayuda de la gente? ¿Por qué a veces somos solidarios? ¿Cuándo fue la última vez que pudiste observar, en cualquier circunstancia, que las personas le aplaudieran a un policía? Por favor, en la medida de lo posible, haz memoria. Es importante, amigo mío. Déjeme explicarte por qué.

El Leviatán, de Thomas Hobbes, es un librazo. No importa desde qué perspectiva lo veas. Y lo que contiene la filosofía política de Hobbes es algo que podemos ver todos los días si analizamos con calma algunas cosas.

Mira, querido amigo. Este filósofo considera que todos los hombres nacemos iguales y que es la experiencia la que nos da la formación. Este pensador considera que los bienes en la tierra son limitados y la gente comienza a desear los bienes del otro. Es algo de naturaleza que genera una especie de competencia, y esta competencia no provoca otra cosa más grande que la discordia, lo que nos lleva a situaciones de enfrentamiento contante entre nosotros, o sea, una especie de campal: todos contra todos. El hombre es el lobo del hombre.

Sin embargo, el deseo de que vivamos con ciertas condiciones de comodidad, tranquilidad, es lo que nos hace llegar a un pacto en el que todos nos respetemos; ese pacto no tiene otra base más que el instinto de conservación que nos permite tener la calma de que lo que tenemos será respetado y de que podemos construir objetivos en común que aseguren nuestra supervivencia, no solamente en términos sociales, sino como se debate hasta en espacios de ciencia ficción en la actualidad, como especie humana.

El Leviatán representa al Estado, ese “contrato social” que será producto de un pacto entre los hombres para evitar la guerra. Entonces, El Leviatán –el Estado– tendrá la capacidad de ejercer violencia física –por decisión de todos– por sobre aquellos que violen las reglas del pacto, es decir, que no respeten ese contrato social. De esta manera, el Estado es la suma de los individuos y contiene la facultad de dominar todo.

Es entonces que, en la filosofía política de Hobbes, el estado –la suma de los hombres– surge para que los individuos no se confronten y sea éste ente el que salvaguarde al individuo, pues el pacto de unión que tienen los hombres debe asegurarse en cumplimiento por la suma de la voluntad de los hombres y una vez que de manera intrínseca a esa aceptación del pacto de unión, el individuo renunció a ciertas individualidades.

¿Me sigues? ¿Hasta aquí tiene sentido lo que escribo, mi querido amigo? Si la respuesta es positiva y entendemos que en la actualidad podría no existir una aceptación plena, consciente y mayoritaria de la necesidad del Estado, quiero que demos un giro pensando en estas interrogantes. Tú, como ciudadano, qué te responderías si te preguntaras: ¿los delincuentes, los corruptos, nos robaron la sensación de seguridad? Ahora bien, pensemos en que, ante eso –que no nos sentimos seguros–, debería haber alguien que hiciera algo para recuperar esa sensación, ¿no crees?

La función de ejercer límites al individuo es del Estado. Es la bestia de la que habla El Leviatán. Y puede hacerlo ejerciendo violencia física sobre aquél que violente el pacto. Pero ese pacto, mi querido amigo, es el meollo del asunto. Ese pacto tiene objetivos. Ese pacto es la suma de los hombres y sus aspiraciones. Así que vamos a la base de todo esto: ¿qué objetivos tenemos actualmente como sociedad? ¿Qué nos une? ¿Qué podemos hacer? ¿Qué queremos? Y teniendo claridad sobre eso, podemos entender que nos hace falta construir objetivos comunes en el gobierno, unos que garanticen al propio estado y otro que garantice los fines individuales de las personas, en el marco del respeto de los unos con los otros, o dicho de otra forma, en el marco de la absoluta legalidad.

Para tener esos objetivos necesitamos primero saber qué queremos, qué pacto necesitamos. Eso nos hará construir un sentido de comunidad–-algo fundamental hoy en día– pues se han dado desviaciones (ultranacionalismos, búsqueda de anarquías, desintegración social) que afectan la cohesión social y la convivencia armónica. Hobbes decía que el poder político estaba por encima de todo. Pero usarlo positivamente no es de lo más fácil del mundo. Construir comunidad es hartamente complejo, difícil; a nadie le importa, porque quizás, de entrada, es complicado entenderlo. Pero tú puedes y tienes que dimensionarlo para que esa sea una bandera que te permita ejercer el poder político, eventualmente, mi querido amigo.

 

Columna: EL POLÍTICO Y EL CIENTÍFICO

Construir objetivos comunes en el gobierno

Alfonso Carlos Del Real López / Politólogo


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