Enrique Laviada
Enrique Laviada

Los domingos por la mañana suelen ser ocasión propicia para que este columnista ejerza su derecho a realizar ciertas lecturas, más animado por el interés hacia determinados temas que por la presión del oficio. De modo que, metido en la historia de la tragedia nuclear de Chernobyl, cuya conmemoración motivó a HBO a la producción de una miniserie de televisión, me encontré con una reseña de Henry Fountain, reportero de temas científicos de The New York Times, y me encantó la manera con la que inicia su texto: “Lo primero que hay que entender de Chernobyl es que muchas cosas son inventadas; sin embargo, lo segundo y más importante es que en realidad eso no importa”.

Me pareció genial. No me resistí a aplicar esa especie de razonamiento contradictorio, sólo para buscar un sentido periodístico, al explosivo tema de la migración y los tensiones fronterizas y las amenazas arancelarias emprendidas por el presidente estadounidense Donald Trump en contra de nuestro país, de las que en principio es posible concluir que son reales, y eso es muy importante, tanto que implicaron una movilización diplomática de nuestro lado que hace mucho tiempo no veíamos; sin embargo, lo que quizá sea más importante es que en realidad eso no importa.

Basta observar, primero, la rapidez con la que el presidente mexicano, López Obrador, ha logrado concitar la unidad y hasta la movilización de todas las fuerzas políticas, legisladores de todas las bancadas, los acomedidos gobernadores del PRI (entre los que no podía faltar Tello), líderes sociales, representantes todos de la desdibujada pluralidad, lo cual es importante. Pero lo que quizá sea más importante es lo segundo: que su manifestación, en Tijuana, ocurrió horas más tarde del tuit de Trump, con el que suspendió hasta nuevo aviso las medidas arancelarias y con lo que logró que lo demás en realidad no importara.

Se debe reconocer que la amenaza de Trump de aplicar aranceles extraordinarios hubiese significado una pérdida colosal de miles de millones de dólares para nuestra economía y que parecía perfectamente posible de convertirse en realidad, algo así como una amenaza de explosión económica peor que Chernobyl; sin embargo, lo más importante es que sólo tuvo la intención de tocar la parte más blanda, la más débil, del régimen de la llamada Cuarta Transformación, esto es: la economía; para decirlo de manera apropiada: nos la aplica y estallamos en confeti.

Los signos de la conmoción generada en los círculos cercanos al gobierno del presidente López Obrador fueron disimulados casi apropiadamente, usando respuestas diplomáticas que resaltaban nuestra amistad eterna y buena vecindad, acerca de la necesidad del diálogo y la paciencia para las muy naturales diferencias que siempre han existido entre los dos países. Lo primero que habríamos de concluir es que muchas de esas palabras y las ansias nacionalistas y las reacciones que motivaron fueron inventadas y sus efectos, nulos; sin embargo, lo segundo en verdad importante es que eso no importa.

Alguien me dijo un día que en política lo que cuenta es el resultado: el presidente López Obrador se vio obligado a rectificar su política de “puertas abiertas” al éxodo de migrantes centroamericanos, movilizando miles de efectivos militares hacia la frontera sur, lo que podría dar lugar a un mayor festejo, quizá no masivo, pero sí lleno de satisfacción en Washington, justo cuando de este lado de la frontera, una soleada tarde, el gobierno mexicano intentaba convertir en triunfo el final de las “negociaciones”, al menos las del primer capítulo, en espera de los que siguen, tal vez realmente importantes, pronto.

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Acertijo

Nada es lo que parece hasta que aparece.


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