Enrique Laviada
Enrique Laviada

Los gobernadores del PRI, en reciente reunión, de la que nos da cuenta la comunicación oficial, expresaron su total respaldo al presidente Andrés Manuel López Obrador frente a las amenazas de Donald Trump, en especial las que se refieren a cargar aranceles extraordinarios a los productos mexicanos.

Me parece que hicieron bien, su postura es una demostración palmaria de que es posible encontrar causas comunes, independientemente de la procedencia partidista de cada quien, y las peculiares concepciones acerca del futuro del país, divergentes en muchos sentidos, como es natural.

La declaración de los priistas se suma a otras tantas de empresarios, líderes de opinión, legisladores, intelectuales, dirigentes sociales que han llamado a cerrar filas en torno al presidente López Obrador, ya que por encima de cualquier diferencia se encuentra el interés nacional, nuestra integridad y amor propio, sin cortapisa alguna.

De modo que el colaboracionismo de los gobernadores del Partido Revolucionario Institucional (PRI) se convierte en una buena señal para la política mexicana, no sólo para la figura presidencial, entendido ello como un reto por compartir, que requiere una enorme madurez, en un momento clave de las siempre complejas relaciones económicas del mundo.

Por cierto, en ese plano, el presidente López Obrador se ha declarado firme partidario del libre comercio y defensor de los tratados comerciales con los Estados Unidos y Canadá, ha evitado la confrontación y caer en la provocación de Trump, con el deliberado propósito de no agregar a los problemas actuales una especie de guerra fría de carácter mercantil.

Debo agregar, por mi parte, que tan valerosa defensa del libre comercio por parte del presidente, podría tapar la boca a los sectores “radicales” que le acompañan y a su “histórica batalla” en contra del neoliberalismo, pues en efecto el sentido social de los contrapesos a la globalidad no se encuentran en simples formulaciones ideológicas, sino en operaciones económicas que permitan márgenes de acción y rectoría a los Estados nacionales, en favor de sus pueblos, en especial de los sectores más desprotegidos, sin necesidad de intentar girar hacia atrás la rueda de la historia económica del país.

Este proceso de reflexión, paradójicamente, está movido por la estupidez proteccionista del presidente norteamericano, quien también insiste girar esa rueda con demasiada fuerza, pero hacia la derecha, sin la menor compasión hacia su propia tradición de libertad económica y comercial.

Se puede discrepar con López Obrador en muchos aspectos de su actual política económica, quizá demasiado impregnada de viejas fórmulas estatistas y por efecto de un populismo improductivo, anacronismos económicos, muy probablemente condenados al fracaso; sin embargo, vale también reconocer y animar su propósito de buscar nuestra propia incorporación a los mercados, cumpliendo sus compromisos de bienestar social.

Al momento, quizá sean los sectores más duros del Partido Acción Nacional (PAN), los únicos que estarían interesados en escatimar su apoyo al presiente, más por rencor electoral que por convicción auténtica, supongo, en un desplante que, muy probablemente, signifique su aislamiento de los nuevos acuerdos que están por venir, al tiempo.

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Acertijo

Nadie dijo arriar banderas, ni declinar la crítica.


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