Enrique Laviada
Enrique Laviada

Hoy es el día del medio ambiente y lamento decirle, estimado lector, que no tenemos buenas noticias en nuestra querida tierra, con muchos temas pendientes de resolver y pocas ganas de parte de las autoridades y una incipiente presencia social.

En esta edición damos cuenta, por ejemplo, de los estragos causados por el derrame que se produjo recientemente en la mina San Martín ubicada en Sombrerete, luego de que, quienes deberían estar encargados de dar una respuesta inmediata, tardaron  (todo lo que la burocracia es capaz de tardarse) para confirmar el daño, entre justificaciones y pretextos y las más variadas simulaciones.

Pero la misma mala suerte se corre con los desechos de la Corona, esa enorme industria cervecera, ubicada en Calera, y tan bien dotada de expertos encargados en ocultar o maquillar la información del daño ecológico causado por sus desperdicios, frente a las denuncias de los agricultores y los pobladores de las comunidades aledañas, con la desinteresada colaboración de las autoridades que cumplen con su papel de hacerse de la vista gorda y hasta agradecer las contribuciones compensatorias del gigante consorcio belga–brasileño y su benevolencia (es ironía) y su buena disposición para engañar al público con ingeniosas campañas publicitarias.

Del conflicto causado por Peñasquito, el complejo minero de la alianza Newmont-Goldcorp, poco que agregar cuando ha rebasado a los distintos niveles de gobierno, se presta para la manipulación de “líderes” como el tal José Narro, siempre atentos a obtener beneficios a costa de los problemas sociales, lo que sirve acaso para la politización como negocio y, a final de cuentas, nadie atiende el asunto ambiental.

Supongo que ni el gobernador, ni los alcaldes de las principales ciudades del estado tendrán a bien realizar algún tipo de recorrido por los tiraderos de basura para confirmar que se encuentran al borde del colapso, que no existe separación de los residuos peligrosos e infecciosos, que no existen proyectos viables para su solución o moderno tratamiento, en fin, que somos un desastre en la materia y sin remedio aparente.

Nuestra cultura de la preservación ambiental es punto menos que inexistente, son muy pocas las expresiones de la sociedad civil que de manera autónoma buscan encontrar soluciones y no dejar en manos de los gobernantes el manejo de las cosas, aunque las que existen hacen lo que pueden, con escasos medios y muchas ganas, pero pocos resultados.

La cultura ambientalista, el cuidado del agua, el respeto por el entorno natural, la preservación de especies y territorios santuario o de reserva ecológica, la educación en la sustentabilidad, siguen siendo asignaturas pendientes, por pertinaz desgracia.

En el día dedicado al medio ambiente, bueno sería, que los diputados con generosidad, y si no hubiera algún inconveniente de su parte (ironía extrema), incluyeran en su agenda legislativa alguna o algunas iniciativas ambientalistas, si no fuera mucha molestia, vaya, por el bien de todos, pues al fin y al cabo el destrozo ambiental no distingue ni partidos ni colores ni creencias, esto es, sería una buena oportunidad para desquitar su sueldo, dieta le dicen, y la ironía no es de mi pluma, sino enteramente suya.

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Acertijo

Lo que desperdiciamos hoy, será una imperiosa necesidad mañana.


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