Enrique Laviada
Enrique Laviada

No podría pasar por alto la declaración más reciente del gobernador Alejandro Tello con la que ha tratado de explicarnos que el sufrimiento ajeno es tremendo, pero soportable  (es ironía), me refiero a la falta de pago a miles de maestros, cuyos modestos ingresos sirven para mantener, al día, a sus familias.

Como suele hacerlo, el gobernador se refirió a sus antecesores, sin mencionarlos por su nombre, achacándoles el crecimiento desproporcionado de la nómina, las prestaciones desorbitadas, los gastos excesivos, todo lo que seguramente los hizo muy populares, dijo, pero que también explica la situación crítica en la que ahora nos encontramos, eso afirmó Tello, y a renglón seguido, sin apartarse de su estilo bonachón, aclaró que no era crítica, que era nomás para el registro.

El punto es que no hay dinero para pagar el sueldo de los maestros, lo sabemos por boca del propio gobernador, según sus palabras nadie ha respaldado a nuestro estado con un solo centavo en la etapa actual, ni para aliviar ni mucho menos para resolver el boquete financiero que afecta al sector educativo, eso sí, dijo que todos lo han tratado muy bien, o sea que, suponemos, han sido especialmente amables para mandarlo por un tubo, pues.

Pese al buen trato de las autoridades federales, del propio presidente López Obrador, para seguir con su narrativa, es en la Secretaría de Hacienda donde todo se atora, y a pesar de los acuerdos y las buenas intenciones, al final, no hay dinero y a sufrir quienes no deberían de hacerlo, pues se trata del más elemental de los derechos que es, ni más ni menos, el de recibir un pago por un determinado trabajo realizado, no falta quien le recuerde a la autoridad que eso está en la Constitución.

El gobernador le llama a todo esto “hacer malabares para honrar (sic) la nómina” y advierte que de seguir las cosas tan mal como van, pronto se podría caer en una “parálisis operativa”, lo que supondría un sufrimiento mayor, tal vez ahora sí del tipo insoportable, es lo que se percibe, en el tono de voz, y la actitud cada vez más dolorida de Tello, ante la imposibilidad de resolver los problemas que le heredaron, lo que se sabe fue con pleno conocimiento de su parte, a menos  que ahora lo niegue.

Y ahí es donde se encuentra el problema principal: esa actitud de un gobernador que no puede construir un acuerdo con el gobierno federal, sencillamente porque no puede, pues aparece aislado o por lo menos distante de quienes podrían ayudarle, en una especie de diplomacia del sufrimiento, que sirve exactamente para nada.

A los maestros les importa un comino, creo, que las autoridades federales traten bien a Tello, o a Jorge Miranda o a Gema Mercado, cuando regresan con las manos vacías de sus interminables negociaciones, en un verdadero juego de antesalas que no pasa del trato burocrático, aunque amable, ya lo sabemos, pero, en suma, improductivo.

Pareciera que el gobernador Tello está convencido de que lo conducente en estos momentos es hablar quedo, poner cara de sufrimiento ajeno, clamar por una solución definitiva, sin mediar la más mínima convocatoria de su parte para lograr que todos los actores que deberían estar involucrados, léase legisladores federales, locales, partidos políticos, sindicatos, actúen en un mismo sentido, algo que, sin duda, tendría consecuencias inmediatas y muy probablemente positivas, y conste que (no es ironía).

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Acertijo

Deje de sufrir


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