Alfonso Carlos Del Real López
Alfonso Carlos Del Real López

Crónicas chilangas (III)

Creo, con fundamento, que los zacatecanos que viajamos en vehículo particular a la Ciudad de México tenemos un gran miedo generalizado: la policía del Estado de México.

Tengo una vasta experiencia en situaciones con elementos de Seguridad Pública y Tránsito del Estado de México. Mi hipótesis es que he pasado por esas situaciones por las placas de mi coche (obviamente, placas de Zacatecas), placas “foráneas” que, según yo, tienen una especie de imán escondido para atraer a los policías del Estado de México, y creo que ese imán “se activa” en el tramo del distribuidor vial pasando Perinorte (en dirección norte a sur) hasta llegar a las Torres de Satélite. Para mí, ése es el corredor de la corrupción.

Tiro por viaje me detienen. La última vez, de día, venía circulando tranquilamente en ese tramo y, de verdad, venía con todas las de la ley: circulaba por mi carril al límite de velocidad, no rebasaba, no traía la música alta, nada. Y como por arte de magia, apareció sobre la lateral de ese tramo del llamado periférico un motociclista de Seguridad Pública y Tránsito del Estado de México. Sudé frío.

El oficial se me emparejó. Quiero jurar que se cercioró de mis placas y una vez que lo hizo, se me adelantó un poquito y me hizo señales para que me orillara junto con él. “¡Carajo!”, pensé.

Debo decir que el oficial –omitiré el nombre y número de placa, así como matrícula de la motocicleta– fue un tanto imprudente en su acompañamiento a “orillarme a la orilla”. Incluso algún vehículo le tocó el claxon. Total, nos aproximamos a un espacio de incorporación de los carriles laterales a los centrales del Periférico y ahí nos detuvimos.

El oficial se bajó de su motocicleta y se acercó a mi vehículo por el lado del copiloto. Yo estaba tranquilo, pero a la vez pensaba “a ver con qué sale”. Al aproximarse a la puerta del copiloto bajé la ventana y mi acompañante sacó su teléfono para tomarle fotografía a él y a la motocicleta (por eso tengo sus datos). “Viene a exceso de velocidad, joven”. “No mame, oficial”, pensé, pero omití el comentario.

“Grabe todo lo que quiera”, le dijo el policía a mi acompañante. “Ahorita le muestro las cámaras para que vea que venía a exceso de velocidad”. “Ah cabrón”, volví a pensar. “¿El oficial tiene acceso a las cámaras desde su celular?”.

“Su licencia, joven”. Busqué la licencia en mi cartera y de paso busqué la tarjeta de circulación de mi coche. Mientras, el oficial inspeccionaba el carro y se movió hacia la parte de la cajuela. Quiero pensar que se aseguró de que en el otro lado de donde él se encontraba, es decir, del lado del piloto en la puerta trasera estaba pegado el engomado de las placas. Regresó.

Le entregué la licencia y la tarjeta de circulación. “Me va a tener que acompañar a la delegación”, me dijo. “¿Por qué?”, reaccioné. “Porque venía a exceso de velocidad y ahí verá las cámaras”. “Ok. Le creo que venía a exceso de velocidad, oficial. Pero eso sólo amerita multa, así que múlteme”. Hubo instantes de silencio. “Ya váyase joven. Modere su velocidad”. Me regresó la licencia y la tarjeta de circulación. Ni me multó, ni me llevó “a la delegación” ni me pidió mordida. Sólo me dejó ir con la advertencia.

Si uno revisa la página de quejas y denuncias de la Subsecretaría de Seguridad Pública del Estado de México, puede leer que “La actuación de los integrantes de las Instituciones de Seguridad Pública en el Estado de México, debe regirse por los principios constitucionales de legalidad, objetividad, eficiencia, honradez y respeto a los derechos humanos, si usted considera que su actuar es contrario a lo establecido por los referidos principios, puede presentar una denuncia o queja…”

Nunca he presentado una queja. Por una u otra razón he podido sortear lo que yo interpreto como posibles extorsiones de la policía con algo muy sencillo: traer mis papeles en regla. Licencia, tarjeta de circulación, placas bien puestas, circular cuando el “Hoy No Circula” me lo permite, tramitar mi Pase Turístico, engomado de las placas visible… pero pienso en los cientos de miles de personas que, como yo, viajan por alguna razón de provincia a la Ciudad de México y atraviesan ese corredor, “el corredor de la corrupción” como yo lo llamo… y sólo pienso “me dueles, México”.

 

 


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