Mara Muñoz
Mara Muñoz

Más que un honor es una gran responsabilidad y posibilidad. Responsabilidad porque
María Rodríguez Murillo, su vida, su tortura, su asesinato, están presentes en esta presea y no queda
más que actuar de todas las formas posibles

Son recurrentes los episodios de la historia que han marcado con violencia a aquellas mujeres que se
atrevieron a luchar por el reconocimiento pleno a su calidad de seres humanas. Esta lucha no ha sido
un acto individual, sino una búsqueda que nos cobijó en lo colectivo a las mujeres que llegamos
después.
María Rodríguez Murillo abrazó una lucha social intensa y sin descanso por el derecho de una sociedad
a imaginar formas más justas, libres e igualitarias de organización social. Esta mujer dio su vida por la
instauración de un Estado laico, por las ideas de un régimen que lograra la igualdad social y económica.
En sus tiempos esto era sancionado por el fanatismo, su osadía le costó la tortura en vida y ser
asesinada de manera por demás violenta. María Rodríguez Murillo fue víctima de un feminicidio
político.
Me permito recoger un breve fragmento que en su memoria publicó la revista Contra Línea:
“La madrugada del 26 de octubre de 1935, los cristeros le advirtieron a la maestra que se fuera del
pueblo; como no lo hizo, la violaron, la golpearon, la amarraron con una soga de los pies y la
arrastraron a galope de caballo por el camino terregoso que lleva a la salida de Huiscolco. Le cortaron
los senos y los colgaron en arbustos localizados en la orilla del camino. Uno a la derecha, otro a la
izquierda, como ejemplo, para que los demás maestros rurales desistieran de impartir educación
socialista.
Murillo se había enfrentado con el cacique del lugar porque él no quería que sus trabajadores
aprendieran a leer y escribir, mientras que el cura la tachaba de hereje.”
La vida de María Rodríguez Murillo nos deja claro cómo se ejerce la política feminista que las mujeres
practicamos y deseamos para el mundo. Nuestro motor no son los intereses sino las ideas y el bien
común, entendiendo que sin nuestra participación en condiciones de justicia e igualdad este último es
imposible.
A más de 8 décadas del feminicido de María Rodríguez Murillo, 9 mujeres y niñas son asesinadas en
México diariamente. La violencia contra mujeres y niñas no sólo no se ha erradicado de nuestra

sociedad, sino que avanza a ritmos vertiginosos. El fanatismo religioso que asesinó a María Rodríguez
Murillo, hoy se traduce en una misoginia que se vive desde la casa, el lugar más peligroso para mujeres y
niñas, hasta la comunidad. Un odio hacia las mujeres exacerbado por un mercado rapaz en donde todo
parece ser desechable, incluso nuestras cuerpas.
No podemos pensar en la violencia machista contra mujeres y niñas como casos aislados, nuestra
comprensión del problema debe pasar por cuestionar un sistema capitalista y patriarcal que deja en
nuestras cuerpas el rastro de la conquista. Este sistema no es un abstracto, se materializa en las personas
que se postulan para ocupar puestos de autoridad en el Estado, en aquellas personas que buscan
gobernar subrepticiamente desde el mercado, generando un poder que aumenta las cualidades de
clasista, racista y patriarcal que marcan el origen del Estado.
María Rodríguez Murillo hubiera padecido ver cómo el poder político y económico hoy se confunden,
cómo la clase política responde a intereses económicos muy por encima del cumplimiento de su
responsabilidad de gobernar para todas y todos. En esa ecuación las mujeres quedamos en una
situación de especial vulnerabilidad que se ve reflejada en la violencia institucional y revictimización a la
que somos sometidas cuando nos acercamos a las instituciones del Estado en búsqueda de justicia.
El feminismo hoy día se ha utilizado para la creación de múltiples instituciones que en el discurso
trabajan por nuestros derechos pero que en la práctica se han convertido en mirones de palo ante la
barbarie a la que nos enfrentamos. ¿Cómo conseguir entonces que el feminismo viva e impacte en el
rumbo social? La respuesta no es fácil de alcanzar, pero está cerca de encontrarse en la participación
colectiva consciente, en llevar hasta sus últimas consecuencias la consigna del feminismo: “lo personal
es político”. El poder de nosotras las mujeres se teje desde abajo y se ejerce de manera cotidiana, en
todos los espacios, en todo momento. Por eso el reto es transformar a la sociedad desde adentro, en la
política de todos los días.
Hoy un poder del Estado, el legislativo, reconoce mi trabajo en favor de los derechos humanos de
mujeres y niñas. Más que un honor es una gran responsabilidad y posibilidad. Responsabilidad porque
María Rodríguez Murillo, su vida, su tortura, su asesinato, están presentes en esta presea y no queda
más que actuar de todas las formas posibles en la política de todos los días de la mano de aquellas
mujeres que creen en lo colectivo, en la libertad, en la justicia, en el trabajo político y social cotidiano
“hasta que la dignidad se haga costumbre”.
Esta presea es una posibilidad porque cuando la Legislatura reconoce una trayectoria como la mía, en
donde los episodios de confrontación con el Estado en la defensa de nuestros derechos ha sido
constante, está enviando un mensaje de compromiso que deberá verse reflejado en su agenda legislativa
y en el ejercicio de sus facultades de fiscalización hacia el poder Ejecutivo y Judicial. Zacatecas y México
necesitan verdaderos contrapesos de poder en la vida pública.

La sociedad no puede seguir sosteniendo un Estado de pies gelatinosos, apelmazado en su estructura
por el peso de los privilegios de quienes gobiernan. Hoy, en memoria de María Rodríguez Murillo,
quiero decir: Si el Estado no para esta guerra contra las mujeres que lo pauperiza todo, no justifica su
existencia.
Honro el trabajo de quienes estuvieron nominadas para este reconocimiento, mis compañeras Leticia
Torres Villa y María Luisa Sosa de la Torre. Dedico esta presea a todas las mujeres marginadas y
violentadas por el sistema, a mis hermanas trabajadoras sexuales, a las mujeres reclusas, a las presas por
abortar, a las que el sistema llama enfermas mentales, a las niñas, a las mujeres lesbianas, a las
transexuales, a todas las hermanas víctimas de feminicidio. Sirva el nombre de María Rodríguez Murillo,
su vida y ejemplo para honrarlas a todas ustedes, mujeres que luchan.


Nuestros lectores comentan

  1. Felicitó a Mara Muñoz por su trabajo a favor de todas las mujeres, incansable y siempre sororal.