Alberto Chiu
Alberto Chiu

Ayer la Asociación de Centros de Esparcimiento Social en Zacatecas mostró su satisfacción de que al menos en una ocasión, una clienta de alguno de estos establecimientos en la capital pidió el llamado “trago” Diana Doble, para llevar, es decir que en clave le pidió a los trabajadores del sitio que la acompañaran a tomar un taxi pues, seguramente, se sintió acosada o en alguna clase de riesgo al momento de salir rumbo a su casa. Y sí, es digno de satisfacción.

Y es que aunque sólo se tenga conocimiento de que se ha solicitado en esta única ocasión, al menos hay visos tanto de que los establecimientos comerciales de estos rubros (antros, bares, restaurantes) están tomando conciencia de los riesgos que corren las mujeres en estos momentos, como de que las propias mujeres se están haciendo conscientes de su seguridad y, sobre todo, de los posibles riesgos en el entorno que las rodea. Bien por ambos.

Aunque la iniciativa ya tiene algunas semanas haciéndose del conocimiento público, me parece que todavía falta un buen tramo por recorrer en el asunto de la consciencia que puedan tomar tanto las mujeres como los hombres que asisten a estos establecimientos, y de igual manera hay que seguir incidiendo en los negocios para que se lo tomen todavía más en serio.

Pero es que el horno no está para bollos, como se dice coloquialmente. No sólo en los antros o bares ocurren toda clase de acosos e incluso abusos en contra de mujeres (y en algunos casos contados de hombres, no está de más decirlo). En las calles, a la salida de las escuelas, al término de labores en las oficinas, también hay riesgos y cada vez hay que tomar más en cuenta nuestro ambiente, para autoprotegernos todos.

Me parece que es una buena señal el uso de pedir la Diana Doble, ya sea para llevar (que te pidan un taxi), o Solo (que te acompañen al coche), o Azul (que le llamen a la policía), y creo que faltan aún más estrategias que ayuden a que como sociedad nos preocupemos (y nos ocupemos, también) de los demás, sobre todo si alguien se encuentra en peligro o en riesgo.

En los últimos días, he visto algunas otras campañas parecidas, como la de diversos negocios no necesariamente bares o antros, sino tiendas de todo tipo, que invitan a las chicas a que, si se sienten en riesgo, con toda confianza entren al establecimiento y pidan ayuda. O alguna otra campaña emprendida por clubes de motociclistas en las que, de igual manera, le dicen a las chicas que, si están en riesgo, se acerquen al grupo para pedirles protección.

Es una lástima que haya sido la violencia ejercida contra tantas mujeres, de todas las edades, la causa detonante para que “tuviéramos” que darnos cuenta de que como sociedad hay que volver a pensar en “el otro”, el prójimo, el que está próximo a nosotros en la calle, en la escuela. Pero al mismo tiempo es reconfortante ver que al menos hay esa clase de iniciativas que suplen, al menos en cierta parte, la terrible ausencia de autoridad que padece nuestra sociedad.

Ojalá que, en este tiempo en que los miembros de la sociedad aprendemos y practicamos la solidaridad, la empatía y la protección de nuestros semejantes, los gobiernos terminen de poner su granito de arena limpiando a sus corporaciones policiacas, y capacitándose adecuadamente para lo que realmente tienen que hacer. Pero ojalá no se tarden mucho…


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