Alfonso Carlos Del Real López
Alfonso Carlos Del Real López

Trámite en la SEDENA (II)

La oficial Zaragoza, joven, atenta y amable, me orientó. Después me senté, esperando que iniciara la recepción de documentos, a las ocho en punto de la mañana, con la confianza también de que la sucursal de Banjército que estaba dentro de la sala también abriera para pagar mi trámite. Además, necesitaba descansar para reponerme del soponcio que me había dado unos minutos antes. Explico por qué.

Resulta que, como lo escribí en la pasada colaboración, me habían dicho que para mi trámite de la corrección de la cartilla y la hoja de liberación necesitaba fotografías recientes, “fotografías tamaño credencial en blanco y negro, bien peinado y rasurado, con camisa o playera blanca”. Y yo, obediente, fui al peluquero a que en pleno diciembre casi me rapara, me rasurara todito para quedar con la cara de pompi de bebé, me rebajara las patillas y no hubiera falla. Y sí, revisaron las fotos, me dijeron que estaban bien tomadas… pero no las ocupaba. Mi trámite sólo consistía en la corrección de la Hoja de Liberación del Servicio Militar Nacional, no en la corrección de toda la cartilla. Sí, me dio el soponcio. Sentí el váguido.

Pero bueno, diez minutos antes de la hora, otro oficial nos dio indicaciones. “Buenos días a todos” Y todos en la sala dejamos lo que estábamos haciendo; otros despertaron de su “pestaña matutina”. “Pongan atención. Ustedes vienen a ta, ta, ta, ta, ta… y aquí vamos a ta, ta, ta, ta. Ustedes así y asá, y así y asá. Este otro grupo así y asá, y así y asá. ¿Entendieron?, ¿Preguntas? ¿Todo claro? Se vale preguntar. Y se vale poner quejas en el buzón del fondo, por si alguien siente que no ha sido bien tratado.”

Nadie chistó. Todo claro. Y remató el oficial. “Tengan en cuenta que su trámite es muy tardado. Los primeros que salgan de aquí se irán entre una y una treinta de la tarde. Pueden comer aquí en la sala. Al fondo está el baño, les solicitamos lo usen de manera ordenada e higiénica, y respeten las instalaciones militares”. “¡Madres!”, pensé. “Voy a salir como a las dos de la tarde. Se me va a ir toda la mañana y parte de la tarde”. Y así fue.

En esas horas fuimos llamados en un par de ocasiones después de anotarnos en una libreta, con la idea de ir aclarando dudas y llenar unos formatos sencillos. Pagué en la sucursal de Banjército. Me senté y empecé a observar. Soldados entraban y salían por una puerta lateral, con papeles en mano. Y sentí curiosidad. Empecé a preguntarme cómo llegué ahí y recordé mi etapa del Servicio Militar Nacional, cuando nos juntaron en la presidencia municipal de Zacatecas. Recordé el sorteo.

Empecé a revisar la página de la Secretaría de la Defensa Nacional en mi teléfono. Leí sobre el servicio militar en la actualidad. Hay un apartado muy interesante sobre la historia del servicio, sus antecedentes. “En el año de 1997, se reorientó el cumplimiento del Servicio Militar Nacional, a efecto de que los conscriptos coadyuvaran con el desarrollo del país aplicando cinco Programas de Beneficio Social (Educativo, Deportivo, Rescate del Acervo Cultural, Marcha Contra las Adicciones y de Labor Social), estructura que prevaleció hasta el año 2005 y a partir del 2006 únicamente se desarrolla el Programa de Adiestramiento Militar.”

En otro apartado, Participación de la mujer en el Servicio Militar Nacional, se señala que “Hasta el año de 1999, el cumplimiento del Servicio Militar Nacional, era exclusivo del personal masculino en edad militar, dentro del marco constitucional de su obligatoriedad; sin embargo, ante la igualdad de derechos y obligaciones entre varones y mujeres, que establece el artículo 4/o. de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, la mujer, congruente con su entusiasmo e inquietudes, demanda en la actualidad, una mayor participación activa en todas las empresas nacionales, por lo que el Instituto Armado no es la excepción.

A partir del año 2000, el procedimiento para la captación de la mujer mexicana voluntaria para el Servicio Militar Nacional, se ha llevado a cabo […]”. “Muy interesante”, pensé. “Algo hace falta…”, reflexioné…

Nos leemos el próximo lunes. ¡Babai!

 

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