Enrique Laviada
Enrique Laviada

No creo que existan razones suficientes como para que las áreas jurídica y financiera del gobierno
estatal armen una fiesta por la aprobación en la corte del llamado Impuesto Ecológico.
Habrá que esperar hasta el lunes para conocer las modificaciones que los ministros hagan a la
resolución, pues hasta ahora lo resuelto es que el impuesto tiene fundamento constitucional y los
gobiernos estatales las facultades legales para implementarlo.
De modo que lo recomendable sería tomar las cosas con la debida discreción y prudencia.
No es el caso de Jehú Eduí Salas, secretario general de Gobierno, quien se apresuró a festinar en redes
sociales, muy emocionado, la “vocación republicana” (así lo dijo) de ocho ministros de la corte, quienes
“convalidaron la decisión valiente de A. Tello” (con lo que dejó fuera de tan alta distinción a los otros
tres), para luego rematar, en un tono casi épico, diciendo que “hoy es un día importante para todos los
mexicanos”.
En el caso de un tal Gustavo Uribe, dirigente del PRI local, ya resulta incontenible su celebración y
emotivo reconocimiento al gobernador y al secretario de Finanzas, para de manera desinteresada (es
ironía) ponerle sello partidista al impuesto.
¿Ecológico? Ecológico
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Las reflexiones sobre el llamado Impuesto Ecológico hechas en la corte, me parece, deben ser tomadas
con mucha mayor seriedad, se trata de la definición esencial de lo que podría representar su cobro para
la teoría tributaria.
De entrada, los ministros han dejado en claro que no se trata meramente de una estrategia recaudatoria,
para obtener recursos adicionales, mucho menos si la pretensión fuera, como se mencionó en la sesión,
la de usar los recursos provenientes de su aplicación para remediar el déficit financiero que el estado
tiene en rubros o materias distintas a las que corresponderían al sentido del nuevo impuesto.
El producto fiscal que se derivaría de la resolución de la corte no es, en suma, manejable ni transferible
como instrumento de obtención de recursos con fines de salvamento presupuestal.
Es muy probable que a eso se refieran las modificaciones que harán los ministros, con el objetivo
preciso de dejar completamente bien definida la esencia del impuesto, las condiciones para su aplicación
y sus peculiaridades.
¿Ecológico? Ecológico
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El nuevo Impuesto Ecológico será aplicable a las actividades industriales, de la construcción, la
transformación de productos, la minería e incluso los servicios con el inconfundible objetivo de
compensar los probables daños o afectaciones causadas por su funcionamiento al medio ambiente.
El otro asunto de importancia, luego entonces, consiste en el destino de los recursos que habrán de
captarse por concepto del llamado Impuesto Ecológico, es decir, su traducción en proyectos, acciones,
programas de carácter ambiental.
Puede suponerse que los ministros de la corte serán especialmente cuidadosos al definir que el nuevo
impuesto tendrá como finalidad atender, prevenir o resolver problemas relacionados única y
exclusivamente de carácter ecológico.
Lo que seguiría, bajo esa lógica, es que el gobierno de Tello exponga cuáles son sus proyectos
prioritarios en la materia (¿existen?), de modo que la aplicación de los recursos sea por entero
transparente, eso se espera.
¿Ecológico? Ecológico.
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Acertijo
A menos que todo sea un engaño.


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