Alberto Chiu
Alberto Chiu

Bien dice un dicho popular mexicano que, “para decir que la burra es parda, hay que tener los pelos de la burra en la mano”; es decir, que para poder dar certeza o seguridad sobre cierto asunto, primero hay que tener las evidencias concretas de que ese asunto está debidamente zanjado o culminado.

Y en los temas económicos, como el de la atracción de inversiones para instalarse en el territorio estatal, lamentablemente llevamos años (muchos) esperando la concreción de anuncios hechos por nuestros gobernantes… sin tener “los pelos de la burra en la mano”, sino más bien sólo con un montón de carpetas llenas de promesas, buenas intenciones, o en el mejor de los casos, “cartas compromiso” que muchas veces acaban rompiéndose.

Es cierto, nuestros gobernantes han emprendido, en distintos momentos, “giras internacionales” a países principalmente de Europa y Asia, para promocionar al estado como una zona propicia para la instalación de empresas de aquellos lares, y casi siempre a su regreso nos han presumido (casi como hechos consumados) esas promesas y cartas de intención de empresas que, si bien han mostrado cierto “interés” en nuestras tierras, no tienen aún la certeza de invertir aquí por muchos factores.

Eso ha sucedido aquí a diferencia de lo que ha acontecido en otras entidades del país donde, en lugar de que el gobernante vaya a esos países para traerse “intenciones de inversión”, manda en su lugar a una delegación que se encarga de toda la estrategia promocional, dar seguimiento a las intenciones, consolida alguna posible inversión, y hasta entonces llevan al mandatario solamente a firmar un convenio, un contrato o cualquier otro instrumento legal que establezca el compromiso real de inversión.

Y entonces sí, regresa el mandatario y presume la próxima –a veces muy próxima– inversión de capital extranjero en la entidad que gobierna.

También es cierto que para Zacatecas ha representado un “bache” la cambiante situación política de nuestro país por el cambio de gobierno, así como las fluctuaciones macroeconómicas del momento. Pero… entonces ¿cuál es el problema?

Me parece que el principal problema es la generación (innecesaria, tempranera) de expectativas de crecimiento y desarrollo que cualquier zacatecano podría tener, al enterarse de que vendrán nuevas empresas donde pudieran emplearse, ya sea en el ramo automotriz, aeronáutico o de tecnologías de la información, rubros en los que por cierto sí hay gente preparándose.

Esas expectativas que no ven consolidación pronta, se traducen después en desencanto, decepción y, lamentablemente, en muchos casos también se traducen en la decisión de irse a otra entidad –o fuera del país– a poner en práctica aquello para lo que se prepararon.

De modo que si bien hay razones de peso para que no se consoliden las inversiones extranjeras prometidas, también hay razones de peso para que la estrategia del gobierno en comunicar estas posibilidades se modere, con la prudencia que reclama el voluble ambiente económico internacional, en el ánimo de no generar falsas expectativas, ni para “rellenar” informes con cuentas alegres que, luego, resultan bastante tristes. Hasta ahora, no hemos visto que la burra sea parda…


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