Alberto Chiu
Alberto Chiu

Justo a la hora en que una de las discusiones más presentes en estos momentos es la de los recursos públicos, su utilización, su correcto destino y aplicación en aquellos rubros que realmente puedan servir a la sociedad mexicana, levantan la voz –otra vez, no es la primera ocasión– los empresarios agremiados en los organismos locales, para señalar que el dinero que pagan por concepto de Impuesto sobre Nómina, no se usa como debería.
Tal vez no sea la primera ocasión en que suena este reclamo; quizás sí en otro tono, quizás con distinta fuerza, pero es reiterado. Señalan los empresarios que, a diferencia de lo plasmado en el sus objetivos originales, ese dinero ahora se ha usado desde para inyectarle algo a la Universidad Autónoma de Zacatecas, hasta para pagar deuda del gobierno.
Ya anteriormente, nos tocó ver cómo hubo diversos señalamientos incluso porque hubo actas irregulares de sesiones del Fideicomiso respectivo (el FISN), acusaciones que luego por angas o por mangas no llegaron a ningún lado, y al parecer las prácticas de utilización diversa de ese dinero continuaron.
Efectivamente como lo reclaman, se supone –sí, al menos se supone– que ese dinero aportado por todos aquellos negocios que tienen empleados, debería conformar una bolsa de la que se tendría que echar mano para incentivar la inversión productiva, la generación de empleos, la instalación y desarrollo de nuevas empresas, el apoyo a los ya instalados principalmente si son empresas locales, etcétera.
Se supone que mediante la aplicación de dichos dineros, tanto las empresas instaladas (del tamaño que sea, con dos, diez o cien empleados) como las que pretendieren instalarse aquí tendrían oportunidad de recibir justamente esos incentivos y, por consiguiente, generar empleos, riqueza, desarrollo.
En un estado como Zacatecas, donde año con año padecemos una expulsión impresionante de personas en edad productiva simplemente porque aquí muchas veces no encuentran dónde trabajar, la ausencia de una política pública adecuada de promoción de inversiones y desarrollo de negocios parece a todas luces contraindicada, y por demás lesiva para la sociedad misma.
¿Por qué entonces persiste la práctica de destinar esos recursos a otros rubros? ¿No es acaso como “darse un tiro en la pata”?
Ahora bien, se supone que los propios empresarios agremiados tienen, a su vez, sillas en el Fideicomiso, tienen representación y voces que se deben escuchar a su interior, y no sólo a través de los medios de comunicación. Vamos, se entiende que ahí dentro, no están amarrados de manos, y pueden incidir en los destinos de dichos recursos.
Entonces, esperemos que este reclamo no se quede sólo en una especie de “llamado mediático” aprovechando esta ola de reclamos al gobierno, sino que se traduzca efectivamente en un posicionamiento de fuerza en el Fideicomiso y pongan lo que les toca para propiciar el desarrollo empresarial. A menos, claro, que se trate sólo de hacer ruido…


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