Alberto Chiu
Alberto Chiu

Ha empezado a cundir el temor, principalmente entre madres de familia en varios municipios de la entidad, de que las estancias infantiles que operaban bajo el auspicio de la Sedesol (hoy Secretaría del Bienestar), lleguen a cerrarse definitivamente, con la obvia consecuencia de que sus pequeñitos tendrían que ir a alguna institución privada, mucho más onerosa para las familias, o en el mejor de los casos, tendrían que quedarse en casa.

Muchas de esas madres de familia tienen dicha preocupación porque, hasta estos días, las directoras de esas estancias infantiles ya les informaron que el gobierno federal ha dejado de enviar el subsidio correspondiente, no tienen pues dinero para operar, e incluso hay casos donde ya les empezaron a pedir dinero a los padres de familia para poder seguir preparando los alimentos que les ofrecen a los menores.

¿Hay motivos de preocupación? Según la responsable de los programas sociales del gobierno de López Obrador en Zacatecas, Verónica Díaz, no debería haber; dice que todo volverá a la normalidad en cuanto empiecen a regularizarse las ministraciones de recursos luego del cambio de gobierno, lo que vendría sucediendo –asegura– por ahí de finales de febrero. Si bien nos va.

Pero esas palabras que buscarían la tranquilidad de los padres de familia, las directoras, docentes y trabajadores de las estancias infantiles, no han producido el efecto deseado. Por el contrario, todo indica que el temor se ha fundado aún más.

Hay temor de quienes trabajan en las estancias infantiles, de quedarse sin chamba y tener la necesidad de buscar otra cosa que hacer para su sustento, incluso aunque sea personal especializado en la atención y educación inicial de las niños y niñas de, en muchos casos, familias de escasos recursos.

Hay temor de las propias familias de tener que cambiar sus dinámicas internas de funcionamiento, sobre todo en aquellas que, por su propia necesidad económica, ambos progenitores trabajan, a menudo hasta más de un turno, para llevar el sustento a casa. Y vaya que no es un temor menor.

No dudo que, en algún momento, llegará a normalizarse el subsidio para las estancias infantiles; no me queda duda tampoco de que la política pública de López Obrador evitará, a toda costa, echar a la calle a todos esos directivos, docentes y trabajadores de estancias infantiles; no creo que mucho menos se arriesgue a quitarle a esos pequeñitos la disponibilidad de un servicio que, en estos tiempos, es casi indispensable. O al menos quiero pensar que así será.

Pero lo que me parece desastroso, es nuevamente la forma en que se toman decisiones y se llevan a cabo cambios que resultan traumáticos, que provocan desazón y preocupación en una parte de la ciudadanía, y les hace preguntarse si estará el gobierno haciendo las cosas de manera planeada, o si esta situación es fruto de una nueva ocurrencia del momento, o simplemente porque no hubo quien lo planificara adecuadamente. Creo, entonces, que ese puede ser el peor síntoma visible de un gobierno de ocurrencias que le están costando demasiado no a los funcionarios, sino al pueblo.


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