Enrique Laviada
Enrique Laviada

Cuál sería la razón que podría explicar el apoyo popular al gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, a pesar de que han sido evidentes sus errores, dislates, imposturas y demás ingredientes de cada una de las conferencias mañaneras.

Nadie sabe.

Según algunas interpretaciones, se trata de una conducta “permisiva” de la sociedad, esto es, la tolerancia hacia el ejercicio del poder, que busca la aceptación colectiva en un periodo incierto.

Nadie sabe.

Según se dice, los números favorecen al presidente, con todo y sus desplantes, sus gestos incomprensibles y su evasión sistemática de los temas conflictivos y su distancia.

Nadie sabe.

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En nuestro querido Zacatecas, tan maltratado por la Federación, pareciera que debemos acostumbrarnos a la lentitud de quienes representan al poder emergente.

Los malestares que debe enfrentar Verónica Díaz son, creo, mayúsculos, pero ella no es culpable de lo que pasa actualmente, ni del desabasto de combustibles, ni de la incertidumbre que priva entre los inversionistas.

En honor a la verdad, lo que más tememos es la creación de un enorme ejército de pobres, peleando por los mínimos beneficios y las mercancías indispensables o los derechos socialmente exigibles, en un contrasentido electoral, o algo por el estilo.

Se espera la repartición del dinero público, entre jóvenes y viejos, desempleados o potenciales productores de cualquier cosa que pudiere valer la pena, por su posible sustento.

No me refiero al sustento de los desprotegidos, los pobres o el pueblo llano, a lo que me refiero es al sustento del poder, es decir, a las políticas que le permiten a un régimen permanecer, quizá no basado en la legalidad, pero sí en la legitimidad.

Nadie sabe.

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A todos nos preocupa la desconfianza, la de unos y otros, la que se expresa en el temor de las autoridades locales hacia un nuevo poder central, inmaculado, concluyente y terminante, como nunca en la historia reciente.

A la delegada, Verónica Díaz, le toca equilibrar tradiciones y novedades, lujos y carencias, faltas y compromisos, ausencias y la posible ejemplaridad de un futuro inmediato.

Se trata de que cada quien asuma su prueba, su encuentro con un destino que poco antes, sería a lo mejor impensable o sólo parte de las determinaciones de grupos regionales, dotados del suficiente patrimonialismo, presuntamente superado.

Ha sido el propio presidente López Obrador, el encargado de especificar, de viva voz, cuál debe ser el destino de los apoyos sociales, así como el método para “dispersarlos” socialmente, lo que señala siempre y en todos los casos a “líderes sociales” que en otro tiempos se aprovecharon de los recursos públicos.

De ese modo, los viejos tripulantes de la base social de las izquierdas (¿?), estarían relegados o anulados en el nuevo esquema presidencial de las políticas populares, eso supone, al menos como producto de la declaración como forma de acercamiento social entre gobernantes y gobernados.

Quizá la mejor pregunta se refiera al tiempo o la distancia que los gobernantes actuales podrán recorrer o disfrutar, si se quiere, antes de que sus seguidores y votantes les hagan algún extrañamiento, reclamo, o declarada contrariedad por el bien del país y de neutras conciencias, y mejores sentimientos.

Nadie sabe.

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Acertijo

Lo que se ve no se juzga, a menos de que lo contario sea aconsejable.


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