Enrique Laviada
Enrique Laviada

Se puso en modo polémico la formal dirigente de Morena, una tal Yeidkol Polenvsky (YP), al afirmar que le gustaría la existencia de un PRIMOR, en lugar de un PRIAN, en una declaración que podría ir mucho más allá de una política de alianzas.

Las palabras de la camarada YP sonaron a provocación, ya que, como se sabe, la fisonomía de los partidos políticos en nuestro país dista a estas alturas de tener referentes ideológicos o programáticos claros, y sus palabras sonaron, entonces, a advertencias.

Aunque no estoy seguro de que la camarada YP lo haya considerado de manera suficiente, ni que tuviera la mente en claro al referirse de ese modo a sus antiguos adversarios, o al menos hubiese meditado sobre las consecuencias de su dicho, pero lo cierto es que lo dijo, con todas sus letras, algo que naturalmente provocó reacciones inmediatas.

Y de ese peculiar modo, no sólo metió a su partido en un brete conceptual, sino de paso al gobierno, en razón de que las fuentes y partes integrantes del gabinete actual, lucen todavía diversos colores y símbolos, todos ocultos.

Así andan.

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Sin embargo, muy pronto llegaron las demostraciones prácticas de que la melcocha política de morenistas, priístas y panistas es perfectamente posible, justo en las recientes giras presidenciales, con todo y su sabor provinciano.

De ese modo es como el gobernador panista de Nayarit, Antonio Echevarría, se desbordó en elogios y parabienes hacia el presidente, al viejo estilo (no es ironía), matraca en mano, en tropical afecto por el presidencialismo que viene, “para que nos vaya bien a todos”, en una afirmación hecha sin rubor ni disimulo alguno.

Algo parecido sucedió con el gobernador priísta de Sinaloa, Quirino Ortiz, entregado por completo a los caprichos presidenciales, hasta con una cierta emoción, tal vez inspirada en viejos paradigmas del populismo tricolor, pero sin duda muy entusiasmado.

No hay reticencias, ni críticas, mucho menos reclamos o cuestionamientos que pudieran formar parte de una convivencia entre distintas fuerzas políticas y expresiones partidistas, como suele suceder en la democracia y la pluralidad, nada de eso.

Así andan.

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Para consuelo de la camarada YP, diríase que lo que se perfila en el panorama de los partidos políticos en México, pareciera una confluencia providencial, o algo así como un milagro ideológico.

Se trata del nuevo poder que une en un mismo torrente a viejos comunistas y socialistas, a representantes institucionales del nacionalismo revolucionario, junto con insignes caballeros de la derecha ilustrada (y la no tanto), con el superior fin de consolidar un “partido” que nos represente a todos y sin lugar a dudas y de  manera plenipotenciaria, como pueblo.

Y si al líder de lo que queda del PRI, un tal Osorio Chong, todo eso no le causa gracia, con lo que pretende tirar una línea divisoria, sólo se prestará a burla, de propios y extraños.

Vale mejor confirmar, creo, que el parentesco entre el viejo régimen y la llamada cuarta transformación van de la mano, con el beneplácito de la derecha acomplejada, esto es, mediante la confusión de las siglas, pues qué más da.

Así andan.

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Acertijo

Confunde todo, que algo queda.


Nuestros lectores comentan

  1. JOSÉ ESCOBEDO DOMÍNGUEZ

    DON ENRIQUE: SI REYES HEROLES, CON SU SABIDURÍA, SE IMAGINARA EN LO QUE CAERÍA EL PLURALISMO Y SUS DEGENERACIONES SOCIALES Y POLÍTICAS, PUEDO JURAR QUE NUNCA SE HABRÍA DADO SU REFORMA POLÍTICA ELECTORAL. PERO EL HUBIERA NO EXISTE. LÁSTIMA POR ESTE PAÍS QUE DE PLANO YA PERDIÓ SU RUMBO EN TODO…LO QUE PREOCUPA AHORA ES EL PRESENTE Y EL FUTURO DE NUESTROS HIJOS Y NIETOS. ¡DIOS LOS PROTEJA!.