WASHINGTON.- Se trata de un alto al fuego, no de la firma de la paz, aunque haya vencedores y heridos.

A la quinta semana del cierre parcial de Gobierno, con 800 mil empleados federales sin recibir su salario, Donald Trump compareció ayer para declarar que ha alcanzado un pacto por el que la

Administración abrirá temporalmente, hasta el 15 de febrero.

La concesión del Presidente allanó el camino para que la Cámara de Representantes y el Senado aprobaran un proyecto de ley de gasto provisional que no incluye fondos para el muro, cuestión que fue detonante del «apagón» más largo de la historia de Estados Unidos.

«Hemos llegado a un acuerdo para poner fin al cierre y reabrir el Gobierno federal», señaló Trump desde la Rosaleda de la Casa Blanca.

Trump declaró «patriotas» a todos los trabajadores que han sufrido los 35 días de cierre, acudiendo a comedores sociales o sin poder pagar sus facturas.

El anuncio sorpresa fue una notable rendición para un Presidente que hizo del muro su condición no negociable para reabrir el Gobierno y una pieza central de su plataforma política.

El plan no incluye nada del dinero para la valla y fue esencialmente el mismo enfoque que rechazó a fines de diciembre y que los demócratas han defendido desde entonces, lo que significa que no ganó nada concreto durante el cierre gubernamental.

El Mandatario destacó que el acuerdo impidió que tuviera que poner en marcha «una poderosa arma», en referencia a la declaración de emergencia nacional con la que ha estado coqueteando desde hace días.

Pero como Trump no puede evitar ser Trump, mientras apenas salía de una crisis prácticamente ya estaba anunciando la próxima.

«Si no recibimos un trato justo del Congreso, el Gobierno se cerrará de nuevo el 15 de febrero o usaré los poderes que me otorgan las leyes y la Constitución de Estados Unidos para hacer frente a esta emergencia», amenazó.

En su intervención, el Presidente insistió en la existencia de una crisis humanitaria en la frontera sur del país, que exige la construcción del muro.

«Ningún plan de seguridad en la frontera puede funcionar si no existe una barrera física. Es imposible», enfatizó.

La crisis estaba hundiendo la popularidad de Trump, pues era a él a quienes los ciudadanos responsabilizaban del cierre.

Sin duda ha habido una clara ganadora en esta situación: la presidenta de la Cámara de Representantes, la demócrata Nancy Pelosi, quien insistió en que no habría más negociaciones hasta que se decretara la apertura del Gobierno y se había opuesto frontalmente a financiar el muro.


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